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DIÁLOGOS POSTMODERNOS

La profundidad de la superficie

La profundidad de la superficie

Por Janine Rincón

El hombre se encuentra en una interminable carrera en busca de la realidad. Este concepto o fenómeno, o como le quieran llamar, es uno de los enigmas que mantiene a filósofos, sociólogos, políticos, artistas, etc., en una constante búsqueda para su representación. 

El arte es uno de los principales cómplices que intenta dar al hombre un reflejo de la realidad. Es por esta razón que las obras realizadas en determinada época son sintomáticas de la ideología y del contexto en el que se realizaron. Comenta Guillermo Apollinare acerca de esto: “...las obras de arte son lo más enérgico que produce una época desde el punto de vista de la plástica. Ésta energía se impone a la época y a los hombres y es para ellos la medida plástica de una época...”. El arte no es sólo la medida de la plástica, es la medida en todos los aspectos de una sociedad, de una realidad.

 En la actualidad el arte contemporáneo transita por una carretera de superficialidad, banalidad y obscenidad. Al menos esa es la opinión que se desprende de una corriente artística como la del arte pop; pero en una sociedad como la actual tal vez el juego del arte pop es el de la profundidad de la superficie y la del espectáculo de la realidad Pero ¿qué existe detrás de una corriente artística como la del pop? ¿qué ideologías la envuelven? ¿qué síntomas de la sociedad presenta? Estas son algunas de las interrogantes que se intentarán despejar en este planteamiento. 

El arte pop es una manifestación que comienza en la década de los cincuentas en donde se intenta simplificar el contenido de las obras para crear una cultura popular. Esta pretensión va más allá, el consumidor de este tipo de arte no es el individuo de a pie; sino que esta corriente artística se convierte en un producto de análisis intelectual que intenta encontrar en la superficialidad de la Marilyn de Warhol, la crítica, la profundidad, la realidad de una época. Esto da un indicio de que el arte ya no se medirá por la estética o la crítica sino por la interpretación de un contenido superficial. Si el arte, por este lado, continúa siendo un articulo consumido e interpretado por las minorías, el pop no cumple su cometido.

 Por otro lado, el arte además de presentar señales de las sociedades se encuentra vinculado íntimamente con la ideología. Henri Lefébvre explica al respecto: “en toda obra de arte hay conocimiento, es decir, elementos de conocimiento y de ideología, y esto es lo que se une a la vida, a la práctica, a las ideas y a la representación de una época...”. El arte contemporáneo está ligado a la corriente ideológica del posmodernismo, la cual procura aliviar a las artes de la ansiedad, incitándola a olvidar los solemnes sueños de la profundidad y liberándolas mediante un tipo frívolo de libertad... el arte podría emular a la vida buena no representándola, sino transformándose directamente en ella a través de todo lo que se muestra y no a través de lo que se dice, o sea, a través del escándalo que supone su placentera falta de finalidad crítica. Esto se puede constatar en las obras realizadas por la corriente artística del pop, es con esta fusión entre post modernismo y arte pop  que se demuestra como arte e ideología, banalidad y profundidad se encuentran vinculadas íntimamente y pueden ser una fotografía o una radiografía de la sociedad. 

Con el pop y el posmodernismo se manifiesta una sociedad con su aspirada superficialidad, su negación a la crítica para dar paso a la estética, su nada que decir y todo que ver. Todos estos síntomas son abordados por Jean Baudrillard, quien describe la obra de Warhol de esta forma: “Las imágenes de Warhol no son banales por ser el reflejo de un mundo banal, sino porque resulta de la ausencia de cualquier pretensión del sujeto de interpretarlo. Resulta de la elevación de la imagen a la figuración pura, sin la menor transfiguración natural, resplandece en el vacío con todo su resplandor artificial. ” 

El comentario de Baudrillard acerca de la banalidad del receptor de las pinturas de Warhol es refutado por Roland Barthes, que explica que aunque Warhol intente ser una máquina en donde sólo se reproduzcan imágenes sin contenido crítico, siempre va existir un sujeto que al contemplar una obra lo haga pensando, deseando, temiendo, gozando, por lo tanto interpretando, dependiendo de su estado de animo. 

Es por la razón anterior que la obra de Warhol aunque intente ser superficial y banal siempre tendrá que pasar por la lupa de un receptor que interpretará lo que observa. La muerte del autor está presente y la superficialidad de Andy Warhol es sepultada por un individuo X, por un Jean Baudrillard, por un Roland Barthes que buscan en las pinturas del pop la profundidad en la superficie, el reflejo de la realidad de una sociedad en una pintura. 

Las imágenes de los artistas contemporáneos (Warhol, Lachapell, Jonhn, etc.) se convierten en un espectáculo que intenta a fuerza de ser imagen no referir a ninguna otra cosa, ni siquiera a la realidad. El problema que se manifiesta es que a fuerza de no querer expresar una realidad, el individuo  busca en la nada  y la realidad se hace evidente por su ausencia. 

En este punto se podrían unir la opinión y la representación de Debord y de Warhol respectivamente, en donde en el espectáculo, en la economía reinante, el fin no es nada y el desarrollo es todo. El espectáculo no conduce a ninguna parte salvo a sí mismo. Debord, como Warhol, desconfía de la capacidad del receptor de la que habla Barthes para interpretar lo que observa y poder compararlo con la realidad. Ambos desconfían nada menos que de la facultad de tomar conciencia de los individuos. 

La superficialidad, la banalidad, el espectáculo es un síntoma de una sociedad que se intenta ver así misma de esta forma pero que al reflexionar sobre ella y su contexto decide que es más compleja de lo que ella misma trata de aparentar. 

Después de esta reflexión sobre el arte contemporáneo como reflejo de una realidad, donde se observa el vinculo que existe entre una corriente ideológica como el post modernismo y una corriente artística como el arte pop que manifiestan fenómenos comunes de vacío, de superficialidad, de banalidad, etc., se puede llegar a una conclusión tal vez demasiado optimista e ingenua en la cual el contexto superficial que se manifiesta en el arte pop y el espectáculo no representan a una sociedad superficial, sino a una sociedad en la que los individuos buscan la profundidad en los contenidos, aunque estos contenidos se formulen en la superficie. 

El arte pop es un arte crítico no deseándolo, donde el vacío impulsa a buscar la profundidad, donde se construye una profundidad de la superficie.

(Janine Rincón)  

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