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DIÁLOGOS POSTMODERNOS

ROBO

ROBO

 

Lo último que pensé es que mi disco de los Foo Fighters fuera robado; ni siquiera fue el principal objetivo, sino el autoestéreo, y de ahí, el gato, un juego de llaves y el extinguidor. También descompusieron la chapa. Otra vez el sentimiento de ser víctima de un delincuente que ve en las pertenencias de los demás la presa predilecta para seguir como un parásito de su madre, esa que se llama sociedad.

 

Está claro que los medios han manejado a la delincuencia en general como algo despersonalizado de la propia comunidad, hablan de los rateros o secuestradores como si vinieran de Marte, Rusia, o como si fueran de otra especie animal, y nunca parecieran dar cuenta que las personas que tienen su estilo de vida en la criminalidad son un producto de nuestra sociedad en decadencia. Y sí, aquello de lo que muchas veces nos ponemos orgullosos y erguimos el pecho es lo que se nos regresa a manera de bumerang y nos termina dañando. Esos individuos que parecen haber salido de las alcantarillas producto de nuestras chaquetas juveniles que echamos al inodoro son construidos por la fallida educación que ‘padres’ insulsos omitieron en sus hijos. Pero, ¿qué hay más allá de todo esto?

Scorpion-Spiderman-Cartoon por ti.

 La religión parece no ser del todo mala; asimismo, los valores sociales son indispensables en todo hombre, pero, ¿en qué momento pierden la utilidad o son interpretados de manera errónea? Pues bien, es fácil saberlo: el hombre tiene ambiciones que son propias de su naturaleza instintiva, pulsional, y el alcance del placer toma una parte importante en la vida psíquica del individuo y que es sólo por la educación que se puede dominar tan intenso impulso; llevar al hombre por el camino de la función de realidad. El problema es que pareciera que los mexicanos nos envolvemos en formas fantásticas en donde esperamos que todo se resuelva gracias a Dios o a la Virgen y que, sin cuestionar los credos de cada cual, es algo que nos hace cegarnos de juicios que requieren de objetividad. Incluso, eso puede ser un medio para explicar nuestros fracasos deportivos.

 

El alcance del placer se daría por la "Ley del mínimo esfuerzo": mientras más se obtenga haciendo menos demuestra qué tan ‘chingón’ soy. Si nos damos cuenta, muchas de las conductas de los mexicanos reflejan esta situación, la corrupción que trata de quitar los caminos establecidos institucionalmente, las trampas escolares para pasar exámenes sin estudiar, querer vengar una afrenta deportiva o laboral por medio de la agresión antes que con el trabajo y la superación propia (caso Rafa Márquez), obtener dinero por medio de la extorsión o el secuestro, o vendiendo por unos pocos pesos lo que se le quita a los demás. Creemos que mentando madres solucionaremos nuestros problemas y, entonces, la abnegación de las madres mexicanas tiene un resultado malo, la dependencia de nosotros hacia ellas, pensando que todo lo resolverán, incluso sólo con mencionarlas ya nuestra alma descansa.

 

Igualmente, una clase de complejo de inferioridad que los mexicanos tenemos históricamente nos pone siempre en una franca situación rebelde así como con el deseo continuo de ser mejores y superarnos y que, además el deseo de presumir a los demás los logros personales, moviliza una franca competencia que fuera buena si no interviniera el masoquismo que tenemos a través de las laceraciones morales inculcadas por la religión; ¿a qué me refiero con esto? Me remito a aquella frase de "tiro la piedra y escondo la mano"; primero, siempre existe la motivación por mejorar y demostrar a los demás que "sí se puede" y que se puede pasar sobre ciertas reglas, aunado a otra frase que dice: "Jalisco nunca pierde". Por otra parte, cuando se logra escalar por propios méritos o se tiene la posibilidad de hacerlo, parece que hay un boicot contra uno mismo aludiendo a la humildad o a la incapacidad de ser mejor, pero esto se encuentra teñido de culpa, incluso, hay algunos delincuentes que por esta circunstancia dejan las huellas que los incriminan, sumándole la falta de procesos intelectuales que los hacen ser poco previsores y bastante torpes para ciertas tareas, entonces, la diferencia entre los autores intelectuales y materiales es precisamente esto, el intelecto.

 

Retomando algo más de la religión comento que lo malo del catolicismo fue que vino inmerso en el movimiento conquistador, y entonces no sólo fue el deseo de llevar a las personas por el camino de Jesucristo y Dios, sino que fue impuesto como un dogma y una herramienta de dominio, que crea una especie de obcecación en una parte de la conciencia, la cual repercute como algo psicótico en ciertas dinámicas psíquicas. No conlleva entonces la convicción de los ‘buenos’ valores, sino que sólo es una especie de tótem (irónicamente pagano) que marca deberes diezmales fantasmáticos sobre la prole que en su origen se le considera ignorante, y a pesar del desarrollo educativo actual, aún se observan ciertas ideas del tipo inquisitorio que algunos fieles conservan sobre todo en cuanto a prohibiciones elementales. Al fin de cuentas, pedirle a la Virgen no conlleva necesariamente una buena intención; hay delincuentes que le rezan al santo de su devoción para que logren sus objetivos.

 

Los factores mencionados anteriormente pueden dar una explicación sencilla de la violencia con la cual unos cuantos ciudadanos someten a los demás imponiendo necesidades extremas de seguridad, así como esparciendo desconfianza y hasta miedo. Estos son: a) Falta de relaciones afectivas y educativas entre padres e hijos debido a los impulsos egocéntricos de las personas que pretenden seguir su deseo primitivo sin acercarse a las reglas de una sociedad; b) el seguimiento del principio del placer que hace a un lado la instauración de una conciencia que delimite correctamente los alcances personales a partir de la interpretación de la realidad y las transacciones objetales con los demás (relaciones interpersonales); c) necesidad de recuperar lo perdido ante los más fuertes, ante una figura parental de autoridad (como el Gobierno) por medio de acciones rebeldes que incluyen la agresividad y el tratar de burlar y evadir las leyes que son sólo un estorbo para los deseos más arraigados y que se han fundido con una fantasía que sólo espera la ausencia del ‘represor’ para llevarlos a cabo (principios morales presentes sólo por el miedo al castigo y no por convicción ante la espera de una recompensa) y, d) un sentimiento de omnipotencia que hace creer que se puede alcanzar todo, junto con la cosificación (desvalorización) de los demás, al grado de ni siquiera considerarlos como personas, sino como cosas.

 

Nuestros valores como cultura parecen ir en picada, o es que probablemente han sido un desesperado intento por mantener vivas tradiciones y mitos que nos recuerden el arraigo hacia nuestra tierra. Porque, después de la llegada de los españoles, las culturas prehispánicas tendieron a desaparecer, conservando sólo algunos ritos mezclados con las nuevas formas de socialización traídas de Europa y Asia, entonces, siempre existió una dicotomía social que hasta ahora nunca ha podido cohesionarse dentro de una sola identidad nacional. Así, las ambiciones del ‘pobre’, del relegado social, han estado en las fantasías de llegar a tener lo que ‘históricamente’ fue suyo, así como aquello que ve como ‘espejitos’, lo que lo sorprende y quiere obtener. Y por otra parte, el que tiene una posición social que le permite ejercer poder sobre los demás trata de mantener el estatus que por nacimiento le fue otorgado, teniendo también un tipo de fobia sobre lo ‘ajeno’, lo ‘extraño’, tal como son las otras razas; es algo parecido a lo que hoy se conoce como xenofobia. Hay siempre una intrincada conflictiva entre las diferentes clases ‘sociales’ de ciudadanos, en México se muestra claramente que no hay una conciencia moral común que funcione de una manera propositiva en la construcción de la sociedad sino por el contrario, cada quien empuja sobre sus intereses utilizándose mutuamente y perpetuando la individualidad.

 

Concluyendo, aquellos que se dedican a cometer delitos violentando los derechos de los demás son el reflejo de uno de los extremos de nuestra sociedad que aqueja una falta de pertenencia; si bien la naturaleza humana es egoísta; las reglas y valores han permitido el desarrollo de la civilización que por medio de su cultura ha demostrado lo mejor de sí. El problema es que los mismos candados que han regulado las tendencias ‘instintivas’ humanas han sido las piezas que han ‘molestado’ a nuestras ambiciones, y sin duda, nunca han podido apaciguar las tendencias más inherentes (sexuales y agresivas) de nuestra especie, buscando de diferentes formas la consecución de lo deseado. En nuestro caso, las guerras que todos celebramos como victorias (independencia y revolución) no sirvieron más que a intereses de grupo, nunca hubo un real progreso en las situaciones sociales en el país. Así que los héroes nacionales pueden ser caricaturizados al grado de Jeremías Springfield (ya no se si maldecir o bendecir a los Simpson que siempre son parte de mi vida) cuando Lisa descubre la verdadera identidad del pirata. Así, podemos seguir gritando ¡Viva México!, asistiendo al Vía Crucis o a la Basílica, festejando a nuestra madre y regocijándonos con la Navidad, pero en el fondo seguimos buscando los medios para hacer realidad nuestros deseos más individuales.

 

Aunque, cambiar lo que ahora hay, parece una utopía.

 

 

 

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5 comentarios

Ericel -

Lo que comentas me parece interesante, y de acuerdo contigo. Lo que puedo decir al respecto del escrito es que se acerca a una crítica de la sociedad en general, y que la misma ha generado los niveles altos de delincuencia, así quiero hacer un esbozo de radiografía un tanto burda que nos acerque a reflexiones sobre el devenir histórico de lo que ahora nos toca vivir. Y los psicologos sabran que mi ira me hizo cernir enojo sobre el escrito, así que tiene un sesgo subjetivo, es por lo mismo un ensayo mas que un reporte cientifico. Gracias por tu comentario.

karatepig -

2 de 2
Esta idea del estatus juega un rol importantísimo en nuestro país, a grado tal que podemos decir que en méxico tu eres lo que tienes.
no importa que tengas mucho o poco, claro siempre que sea "de marca", o al menos que de el gatazo, de cualquier manera lo importante es mostrar que tienes.
por un lado tenemos la presión por poseer, almacenar, lucir y por el otro la exclusividad de ser uno de los pocos elegidos, de los "no cualquiera" en todos los niveles socioeconómicos.
para el estatus es lo mismo tener tu hummer en polanco que ser el primero en tener la camisa pirata con el nuevo plumaje de las aguilas en Ahuizotla.
para el estatus lo importante es tener, no los medios.
el crimen esta justificado sea que des concesiones anticosntitucionales o que te birles un autoestéreo para venderlo y comprarte los nuevos adidas "predeirtor"
dudo que la búsqueda de estatus conozca límites morales, religiosos, políticos o que simplemente tenga conciencia histórica

karatepig -

1 de 2
ericel
me parece un texto bien logrado, pero como historiador no estoy tan de acuerdo con el elevar la conciencia histórica del rata que se llevo tu autoestero o con el par de ideas que ciernes sobre lo que llamas "naturaleza" humana, casi casi caes en la idea de "tener temor de dios" y el papel que das a la educación como barrera a los impulsos "naturales" del hombre es el mismo que antes se le daba a la religión.
efectivamente, hay una dvisón de la sociedad mexicana, sin embargo yo creo que lo que juega el rol más importante es la idea del Estatus, y esa idea, variantes más, variantes menos, quizás si podemos rastrear hasta la conquista.

Fernando -

Uy, se las dejaste baratas Ericel.

Quien lo haya dicho: "Un noble espíritu agrandece al hombre más pequeño".

Siguiendo con los robos, no olvidad mi cámara (y la cartera).

Cómo olvidar: "Devuelve lo que te robaste, creando un paraíso de impunidad".

Eduardo Huchín -

Pocas cosas tan propicias para la infelicidad como pensar que la vida, la literatura, el partido, la revolución o Pemex nos deben algo.

Y hablando de robos: ¿quién chingaos se llevó mi "Hombre que fue jueves" y mi "A sangre fría"?
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