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DIÁLOGOS POSTMODERNOS

Mundo de quimeras

Hojas de copia

Hojas de copia

Creo tenerlo, hoy me acompaña

Qué es la imaginación, obra eléctrica

Qué es el sueño, la vida en la sombra del parpado

Hoy son esencia del ser, mi ser

 

Necesito, deseo, quiero,

Siempre en el tiempo galopante

Movimiento, recordatorio del pesamiento

Vida, la imagen frente a los ojos

 

Inspiración, la musa debe volver

No, ella no debe, sí, ella sí debe

Lucha eterna, la razón contra el corazón

Ella no volverá, la identidad está hecha

 

Hombre del mundo, mi mundo

Ser extraño que parasita la existencia

La existencia de los demás, del amigo, del enemigo

Es su necesidad, su querer, su deseo

Siempre existir

 

 

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Arnulfo Pérez, Presidente.

-          Güey, yo de grande quisiera ser Presidente.

-          ¡No mames! ¡Tú qué vas a poder ser!

-          ¿Y por qué no?

-          ¿Cuándo has visto que un Presidente se llame Arnulfo Pérez? Los Presidentes se llaman Calderón Hinojosa, Zedillo Ponce de León, Fox Quesada, Salinas de Gortari.

-          Pero si el otro día vi uno que se llama Evo Morales.

-          ¡Cómo eres pendejo, me cae! El pedo no es el nombre sino el apedillo y un Pérez nunca sería Presidente. Ya déjate de mamadas y pásame el resistol.

Post Scriptum: Conversación tomada de 2 niños en una esquina. Esta vez no fue necesario inventar nada. Ya se sabe, ya se sabe; la realidad siempre superará a la ficción.

Tómense unos minutos de ocio

Erase Juanito, un sujeto como todos los demás, que podía lidiar de manera un poco lerda con las tareas escolares, pero aún así era querido por las maestras, incluso siendo bastante rebelde y continuamente llevado a la dirección, sus padres asistían y no pensaban que su hijo tan bien portado podía ser un "pájaro loco" en el salón. Y ante la mojigatería de su madre en situaciones sociales, el niño sólo temía el momento de llegar a casa porque era entonces que la bomba estallaba, aunque siempre abrigaba un espíritu deportivo que nunca dejaba pasar la oportunidad de ensayar las habilidades de cada uno de los integrantes, y recordar que un buen batazo en la cabeza podía hacer recordarle al chiquillo cómo hay que pegarle a la bola para ser un excelente pelotero pero él entendió mal convirtiéndose en un pelotudo; válgame, ¡con el bat que le pegaban al perro! pero tal vez sólo era para recordarle que jugaba con los Bulldogs del Ajal.

 

Sí, en ocasiones bastante inconsciente el chamaco. Hubo una temporada en la escuela en que se desató la histeria colectiva porque un chico de grado más alto le robaba la comida a los más pequeños; aquello se volvió casi un mito y, en vez de jugar a las agarradas o los monstruos con sus amiguitos, jugaba a que uno se volvía el ladrón de comida y perseguía a todos los demás, pero un día el bellaco quiso incluir en su juego a su hermano mayor, que por cierto nada tenía que ver en el entierro, convirtiéndose en  el ladrón de comida, y como sus características daban a las señaladas por todas las lenguas de la escuela, lo llevaron a la dirección, pobre hermano, ni siquiera recibió un ‘usted disculpe', pero, ya se desquitaría con Juanito.

 

Ya en la secundaria, tuvo algunos chispazos de inteligencia, cosa que lo llevó a ser el primero en matemáticas en uno de tantos meses; en los exámenes, el malintencionado maestro hacía que el primero que acabara pasara al frente a vigilar a los demás, era casi un tipo de experimento en donde a uno del grupo lo ascendía a un puesto de guardia, de poder, claro está, que no faltó que el tarugo de Juanito se pusiera a cuidar a los demás un día, todos sabían que los exámenes se prestaban para copiar con gran facilidad, pero nuestro personaje pensó en voz alta y, con voz de Babalú, dijo: "ehh Jordan (refiriéndose a la estrellita del básquetbol del salón), estás copiando", obviamente el maestro se paró y le quitó el examen, el muy taimado de Juanito recibió su merecido en un lugar apartado junto a las canchas de baloncesto, sólo faltó que quedara colgado del aro, a lo mejor porque sus compañeros de grupo eran igualmente chaparros.

 

El primer día de prepa fue mofa de la clase. Él, muy seguro que no tenía que ir a la escuela ese día, fue llevado de las orejas por su madre quien lo puso frente a la puerta del salón y tocó la puerta; salió un maestro gordo, parecido a Pedro Picapiedra, diciendo: "¿sí?", la madre respondió: "mi hijo no sabía cómo llegar a la escuela y ahora lo traigo", el maestro dijo: "¿que clase de hombre eres que tu madre te viene a dejar al salón?". La clase rió intensamente y Juanito -con la cola entre las patas- se dirigió al único asiento que estaba libre, pensando en la dulce venganza, pero esa no llegó nunca, mas bien al siguiente día llegó el director de la escuela diciendo que había un sobre-cupo en el aula y que no podían estar tantos alumnos ahí, así que procedió a mandar a Juanito y a otros cinco infortunados a otro grupo, así es como llegó a la nocturna. Juanito, que gozaba de despertarse tarde, sólo exclamó "¡¡yabadabadú!!".

 

Esos cinco, más Juanito, se convirtieron en los más entrañables amigos: el Tuza, el Goyo, el Pony, el Mai, el Mamey, uniéndose también el Chava, el Totol, el Gil, y el Erick, que era el único que se le llamaba por su nombre, bueno, y a Juanito. Eran todos unos badulaques con características bastante definidas; por ejemplo, el Goyo era casi un mamut de 1.80 (cuando todos promediaban menos del 1.70) y unos 90 kilos de peso, mientras que el pony era un ejemplar de menos de 1.60 aparentando ser un niño; todos los días siempre faltaban a la primera clase, tratando de hacer unas dominadas con el balón y viendo por debajo de las faldas de las colegialas incautas que se paseaban en los pasillos de la escuela. No faltaban los días en que hacían la clásica bolita a alguien, incluso llegando a ahogar a el Chava, que solía ser bastante robusto y, en vez de ayudarlo, todos reían de su pálida expresión ya casi con un estertor diciendo: "pinches putos". Un día que quisieron ultrajar al Pony, el Goyo llegó muy angustiado e indignado diciendo: "Tuzita Tuzita, cómo ves que el Pony dice que soy colita"; o sea, culero.

 

Entre todo eso, Juanito se enamoró. Juanita era una chica por demás hermosa: ojos claros y piel blanca, como aquella chica que le inspiró a Neruda. Esbozaba una sonrisa cuando todos cagaban de risa; cabellos negros y ondulados definían su ser. Cada vez que Juanito hablaba con ella, tartamudeaba, se le olvidaba dónde vivía, no sabía en qué clase estaba, incluso la primera vez que le habló, dijo: "hola, me llamo Juanita". No, este tipo seguía siendo un imberbe. Un día, embobado por la atractiva moza, bajaba distraído del camión cuando en un instante se encontraba de bruces contra el pavimento. Sus amigos lo empujaron lanzándolo por la puerta de bajada y, a través de la ventana, Juanita lo miró esbozando sólo una sonrisa, pero ya con la mano en la boca porque no aguantó más, dejando de lado su bienamado misterio. Ella terminó por apodarle "cerebro de teflón".

 

Un día Juanita se fue y Juanito pensó que definitivamente no la volvería a ver nunca más. Así, quiso empezar una nueva vida: no quiso estudiar más y fue saltando de trabajo en trabajo, empezó en una vinatería donde los clientes siempre le exigían que abriera más temprano, a lo que por lo regular él respondía que no era el dueño y tenía un horario establecido, pero siempre hay alguien que lleva la delantera y uno de sus clientes un día le llevó un petate y le dijo "¡pa' que te duermas y te levantes temprano a abrir!". Juanito no supo qué decir, sólo agradeció guardando el petate, y que si bien no abrió a la hora que le habían requerido, sí le sirvió un día que tuvo que dormir en la calle. Otro cliente acostumbraba a comprar un ‘cuartito', abrirlo y tomárselo en el lugar, cosa que estaba prohibida porque no era precisamente una cantina, pero mientras Juanito trataba de disuadirlo con indiferencia, el osado hombre le platicaba sus aventuras que siempre implicaban sus aires aventureros y de cómo en una playa nudista tenía siempre que dominar su miembro viril porque le era inevitable; Juanito, que nunca había ido al mar, soñó mujeres desnudas que entraban a su vinatería pidiéndole un vaso de leche con un paraguas como mezclador a manera de coctel; amaneció mojado pensando ¿qué es un paraguas y qué una sombrilla?

 

Cambió de trabajo sabiendo mucho de licores y se fue de estibador a una compañía farmacéutica; se le hacía fácil hasta cierto punto ordenar las estibas y ponerlas en su lugar adecuado. El jefe se encargó rápidamente de hacerlo surtir el producto a las diferentes sucursales, incluso a hospitales privados. Un día de fiesta, Juanito fue invitado a pasar al convivio. Haciendo un alto en su labor, la chica que daba los canapés era bastante simpática, así que nuestro personaje se le acercó, tomó uno con torpeza y dijo "gracias"; la chica le ofreció una servilleta, pero una de las 30 más que tenía en la mano. Juanito, que había quedado impresionado por la chica, tomó todas. Dio vuelta para irse cuando aquella lo alcanzó diciendo: "¡oye!, no todas". ¡Vaya que vergüenza!, el infortunado hombre se las regresó tirando su bocadillo, quedándose con sólo una servilleta y con calentura de pena, imaginen ahora, un cuadro donde la doncella se aleja y el protagonista queda mirando fijamente hacia la cámara viendo cómo se va la chica, los bocadillos y su estupidez.

 

Como por una casualidad, Juanito conoció a Susanita y se hicieron novios, era la más tierna de las niñas del barrio, arrancaba suspiros como un huracán levanta palmeras, la muchacha era bastante tímida y muy sucinta en sus comentarios, le preparaba a Juanito un pequeño pastel todos los fines de semana. El día que la conoció él le hablaba al oído con excelsa ternura, ya saben: las estrellas, una noche fresca de primavera, los perros callejeros circundando las bolsas de basura que estaban en uno de los callejones del barrio, todo parecía perfecto, cuando de repente, silencio... pudo haber pasado una bola de heno de esas habituales del Oeste; al muy cara dura se le ha olvidado el nombre de Susanita, y aquel soliloquio de palabras dulces queda interrumpido de súbito y sólo puede agregar: "tú eres, tú eres... (...) mmm, muy importante". Ja Ja, lo que pasaba por su cabeza era decirle: "tú eres Susanita, la mujer que quiero bajo esta luna". Después de terminar con ella, se hizo novio de la estegosaura, por lo verde y jorobada; trabajaba en una fábrica de jabones, de esos que dan en los hoteles. Tenía una tonalidad verdusca en la piel, los colorantes se le habían adherido en gran forma y la joroba le brotaba por todas las horas que pasaba inclinada vuelta sobre el trabajo de la manufactura de jabones. Juanito pensó que podía limpiar su reputación con ella, pero no, sólo pudo conseguir un trabajo en el museo de historia natural, era conserje y continuamente pasaba por el espacio de los mundos Jurásico, Triásico y anexos, y es donde pudo constatar el ‘nombre' de su singular novia.

 

Años después, en un viaje que hizo a Guadalquivir, quiso conocer la ciudad visitando cada uno de sus rincones, de repente, vio algo que lo dejó anonadado; no lo podía creer, se frotó los ojos pensando si acaso no era la resaca lo que le hizo imaginar la cara de una conocida en una desconocida, cosa que le había pasado la noche anterior cuando al intimar con una dama, ya entrados en el delirio alcohólico, pensó que se trataba de otra mujer que había tratado antes, pero la irrupción de la mesera ofreciéndole otra bebida pudo despertar a Juanito de su viaje de metaconfusión. Regresando al punto inicial, se acercó sigilosamente a la mujer que no podía creer que era, y le dijo: "hola, soy Juanito, ¿eres tú  Juanita? Ella lo vio detenidamente y dijo dubitativamente, "sí". Juanito no podía contener la alegría, aquella chica de sus sueños delirantes, aquella piedra angular de su vida amorosa aparecía de repente; gritaba de felicidad hacia sus adentros hasta que empezaron a platicar y escuchando un "me casé hace cinco años y tengo dos hijos hermosos". Juanito entendió que el vivir un milagro no es siempre el cumplimiento absoluto de los deseos, sino que es sólo una situación de la cual se debe tomar lo bueno de lo que él se desprenda.

 

Pasó el tiempo y por algunas influencias consiguió un trabajo como mascota de un equipo de béisbol, los Acid Boys de Tangamanga, podían ser los Piratas, los Leones o los Guerreros, pero daba igual, una novena que deleitaba a sus fanáticos con grandes atrapadas y soberbios batazos, que siempre le daban dolor de cabeza a Juanito, y aunque debería alborotar a la clientela del parque cuando eso sucedía, él titubeaba antes de correr en círculos y dar dos maromas en reversa; la solución fue tomarse unas aspirinas antes de cada juego, claro que hubo un tiempo que las dejó cuando el equipo cayó en un ‘slump' tan prolongado que la gente dejó de ir al parque y ya no había que hacerle gracias a la concurrencia. Aún así, temporada tras temporada él seguía innovando y ganándose cada vez más el cariño del público. Casóse con bella mujer del pueblo y compulsiva fan del equipo, todos los días estaba ahí, aún así perdiera. La invitó a cenar un día aceptando ella gustosa, tal vez más porque prefería irse con el bufón del parque antes que seguir esperanzada que otros 18 jocosos individuos (los del equipo de beis) le dieran una alegría. Salieron unos dos años y se casaron con el "llévame al parque de pelota" como fondo musical en la iglesia del pintoresco pueblo. Hay que decir que el órgano de la iglesia fue llevado al parque de pelota una vez que acabó la boda de Juanito. Y así, con un "y vivieron felices para siempre", les he relatado la historia de Juanito. La moraleja: no hay mejor moraleja que a la que cada uno le queda.

ROBO

ROBO

 

Lo último que pensé es que mi disco de los Foo Fighters fuera robado; ni siquiera fue el principal objetivo, sino el autoestéreo, y de ahí, el gato, un juego de llaves y el extinguidor. También descompusieron la chapa. Otra vez el sentimiento de ser víctima de un delincuente que ve en las pertenencias de los demás la presa predilecta para seguir como un parásito de su madre, esa que se llama sociedad.

 

Está claro que los medios han manejado a la delincuencia en general como algo despersonalizado de la propia comunidad, hablan de los rateros o secuestradores como si vinieran de Marte, Rusia, o como si fueran de otra especie animal, y nunca parecieran dar cuenta que las personas que tienen su estilo de vida en la criminalidad son un producto de nuestra sociedad en decadencia. Y sí, aquello de lo que muchas veces nos ponemos orgullosos y erguimos el pecho es lo que se nos regresa a manera de bumerang y nos termina dañando. Esos individuos que parecen haber salido de las alcantarillas producto de nuestras chaquetas juveniles que echamos al inodoro son construidos por la fallida educación que ‘padres’ insulsos omitieron en sus hijos. Pero, ¿qué hay más allá de todo esto?

Scorpion-Spiderman-Cartoon por ti.

 La religión parece no ser del todo mala; asimismo, los valores sociales son indispensables en todo hombre, pero, ¿en qué momento pierden la utilidad o son interpretados de manera errónea? Pues bien, es fácil saberlo: el hombre tiene ambiciones que son propias de su naturaleza instintiva, pulsional, y el alcance del placer toma una parte importante en la vida psíquica del individuo y que es sólo por la educación que se puede dominar tan intenso impulso; llevar al hombre por el camino de la función de realidad. El problema es que pareciera que los mexicanos nos envolvemos en formas fantásticas en donde esperamos que todo se resuelva gracias a Dios o a la Virgen y que, sin cuestionar los credos de cada cual, es algo que nos hace cegarnos de juicios que requieren de objetividad. Incluso, eso puede ser un medio para explicar nuestros fracasos deportivos.

 

El alcance del placer se daría por la "Ley del mínimo esfuerzo": mientras más se obtenga haciendo menos demuestra qué tan ‘chingón’ soy. Si nos damos cuenta, muchas de las conductas de los mexicanos reflejan esta situación, la corrupción que trata de quitar los caminos establecidos institucionalmente, las trampas escolares para pasar exámenes sin estudiar, querer vengar una afrenta deportiva o laboral por medio de la agresión antes que con el trabajo y la superación propia (caso Rafa Márquez), obtener dinero por medio de la extorsión o el secuestro, o vendiendo por unos pocos pesos lo que se le quita a los demás. Creemos que mentando madres solucionaremos nuestros problemas y, entonces, la abnegación de las madres mexicanas tiene un resultado malo, la dependencia de nosotros hacia ellas, pensando que todo lo resolverán, incluso sólo con mencionarlas ya nuestra alma descansa.

 

Igualmente, una clase de complejo de inferioridad que los mexicanos tenemos históricamente nos pone siempre en una franca situación rebelde así como con el deseo continuo de ser mejores y superarnos y que, además el deseo de presumir a los demás los logros personales, moviliza una franca competencia que fuera buena si no interviniera el masoquismo que tenemos a través de las laceraciones morales inculcadas por la religión; ¿a qué me refiero con esto? Me remito a aquella frase de "tiro la piedra y escondo la mano"; primero, siempre existe la motivación por mejorar y demostrar a los demás que "sí se puede" y que se puede pasar sobre ciertas reglas, aunado a otra frase que dice: "Jalisco nunca pierde". Por otra parte, cuando se logra escalar por propios méritos o se tiene la posibilidad de hacerlo, parece que hay un boicot contra uno mismo aludiendo a la humildad o a la incapacidad de ser mejor, pero esto se encuentra teñido de culpa, incluso, hay algunos delincuentes que por esta circunstancia dejan las huellas que los incriminan, sumándole la falta de procesos intelectuales que los hacen ser poco previsores y bastante torpes para ciertas tareas, entonces, la diferencia entre los autores intelectuales y materiales es precisamente esto, el intelecto.

 

Retomando algo más de la religión comento que lo malo del catolicismo fue que vino inmerso en el movimiento conquistador, y entonces no sólo fue el deseo de llevar a las personas por el camino de Jesucristo y Dios, sino que fue impuesto como un dogma y una herramienta de dominio, que crea una especie de obcecación en una parte de la conciencia, la cual repercute como algo psicótico en ciertas dinámicas psíquicas. No conlleva entonces la convicción de los ‘buenos’ valores, sino que sólo es una especie de tótem (irónicamente pagano) que marca deberes diezmales fantasmáticos sobre la prole que en su origen se le considera ignorante, y a pesar del desarrollo educativo actual, aún se observan ciertas ideas del tipo inquisitorio que algunos fieles conservan sobre todo en cuanto a prohibiciones elementales. Al fin de cuentas, pedirle a la Virgen no conlleva necesariamente una buena intención; hay delincuentes que le rezan al santo de su devoción para que logren sus objetivos.

 

Los factores mencionados anteriormente pueden dar una explicación sencilla de la violencia con la cual unos cuantos ciudadanos someten a los demás imponiendo necesidades extremas de seguridad, así como esparciendo desconfianza y hasta miedo. Estos son: a) Falta de relaciones afectivas y educativas entre padres e hijos debido a los impulsos egocéntricos de las personas que pretenden seguir su deseo primitivo sin acercarse a las reglas de una sociedad; b) el seguimiento del principio del placer que hace a un lado la instauración de una conciencia que delimite correctamente los alcances personales a partir de la interpretación de la realidad y las transacciones objetales con los demás (relaciones interpersonales); c) necesidad de recuperar lo perdido ante los más fuertes, ante una figura parental de autoridad (como el Gobierno) por medio de acciones rebeldes que incluyen la agresividad y el tratar de burlar y evadir las leyes que son sólo un estorbo para los deseos más arraigados y que se han fundido con una fantasía que sólo espera la ausencia del ‘represor’ para llevarlos a cabo (principios morales presentes sólo por el miedo al castigo y no por convicción ante la espera de una recompensa) y, d) un sentimiento de omnipotencia que hace creer que se puede alcanzar todo, junto con la cosificación (desvalorización) de los demás, al grado de ni siquiera considerarlos como personas, sino como cosas.

 

Nuestros valores como cultura parecen ir en picada, o es que probablemente han sido un desesperado intento por mantener vivas tradiciones y mitos que nos recuerden el arraigo hacia nuestra tierra. Porque, después de la llegada de los españoles, las culturas prehispánicas tendieron a desaparecer, conservando sólo algunos ritos mezclados con las nuevas formas de socialización traídas de Europa y Asia, entonces, siempre existió una dicotomía social que hasta ahora nunca ha podido cohesionarse dentro de una sola identidad nacional. Así, las ambiciones del ‘pobre’, del relegado social, han estado en las fantasías de llegar a tener lo que ‘históricamente’ fue suyo, así como aquello que ve como ‘espejitos’, lo que lo sorprende y quiere obtener. Y por otra parte, el que tiene una posición social que le permite ejercer poder sobre los demás trata de mantener el estatus que por nacimiento le fue otorgado, teniendo también un tipo de fobia sobre lo ‘ajeno’, lo ‘extraño’, tal como son las otras razas; es algo parecido a lo que hoy se conoce como xenofobia. Hay siempre una intrincada conflictiva entre las diferentes clases ‘sociales’ de ciudadanos, en México se muestra claramente que no hay una conciencia moral común que funcione de una manera propositiva en la construcción de la sociedad sino por el contrario, cada quien empuja sobre sus intereses utilizándose mutuamente y perpetuando la individualidad.

 

Concluyendo, aquellos que se dedican a cometer delitos violentando los derechos de los demás son el reflejo de uno de los extremos de nuestra sociedad que aqueja una falta de pertenencia; si bien la naturaleza humana es egoísta; las reglas y valores han permitido el desarrollo de la civilización que por medio de su cultura ha demostrado lo mejor de sí. El problema es que los mismos candados que han regulado las tendencias ‘instintivas’ humanas han sido las piezas que han ‘molestado’ a nuestras ambiciones, y sin duda, nunca han podido apaciguar las tendencias más inherentes (sexuales y agresivas) de nuestra especie, buscando de diferentes formas la consecución de lo deseado. En nuestro caso, las guerras que todos celebramos como victorias (independencia y revolución) no sirvieron más que a intereses de grupo, nunca hubo un real progreso en las situaciones sociales en el país. Así que los héroes nacionales pueden ser caricaturizados al grado de Jeremías Springfield (ya no se si maldecir o bendecir a los Simpson que siempre son parte de mi vida) cuando Lisa descubre la verdadera identidad del pirata. Así, podemos seguir gritando ¡Viva México!, asistiendo al Vía Crucis o a la Basílica, festejando a nuestra madre y regocijándonos con la Navidad, pero en el fondo seguimos buscando los medios para hacer realidad nuestros deseos más individuales.

 

Aunque, cambiar lo que ahora hay, parece una utopía.

 

 

 

Piénsale, con esto y con l'otro.

Piénsale, con esto y con l'otro.

 

En estos tiempos electorales, el bombardeo que nos hacen cada día con los discursos de la democracia es avasallador. Docenas de spots cada día para convencernos que vivimos en ella, que tachar una boleta con el nombre de un candidato nos hace partícipes de decisiones que nos competen y en las que participamos.

 

 Una Niña que no sabe decir "sin privatización" (¿será un mensaje subliminal para reconocer que somos como niños también y que no entendemos nada de nada?) nos enseña que gracias al PRD el petróleo sigue siendo nuestro (cuando llegue a su casa un cheque con un porcentaje de las ganancias de Pemex me avisan, por favor);a  Lucerito (sí, sí, la de chispita, la del guarura saca pistola, la del teletón) nunca le alcanza el tiempo para contarnos lo que Peña Nieto hace por los mexiquenses, mientras sus compañeritos nos tratan de  convencer que PRImero (ellos) nosotros; los panistas, a 2 cuadros, nos muestran el antes y el ahora de un país que mejora cada día (¿ven por qué la teoría del desarrollo es taaaan discutible?); los del PSD, con su candidata de Big Brother piden la legalización de las drogas para terminar con la violencia (llámenme tarado, pero la relación no es directa y no necesariamente funcional); los del verde, regresando a la máxima del ojo por ojo, tienen un slogan para la Historia, "Porque nos interesa tu vida, muerte a secuestradores", supongo que llevaron su sentido ecológico a su máxima expresión, además prometen que el gobierno pagará por tus clases de computación y de inglés (¿se acuerdan de Labastida? ¡Cuánto hemos evolucionado!); y Mr. Peje tratando de rescatar los restos del naufragio con su "proyecto de nación" (¿la no reelección aplicará también para presidentes electos?); y si alguien tiene noticias de Nueva Alianza háganlo saber. Por su parte, el IFE nos cuenta la historia de nuestra evolución ciudadana y nos trata de convencer del poder de nuestro voto.

 

 

Los profetas de la economía nos llenan con un discurso de la solidez ante la crisis financiera mundial y nuestras posibilidades de desarrollo. El poder mesiánico de Obama comienza a desvanecerse y a enfrentarse a la realidad de un mundo por demás caótico y desesperanzador.  Y entre eso estamos todos.

 

Los griegos que, como se sabe, inventaron la democracia, se reunían en pequeñas asambleas para elegir a sus representantes, así que los elegidos eran, por lo menos, conocidos de todos. En la actualidad, a causa de la explosión demográfica, esto parece casi imposible y nos conformamos con elegir entre el hijo del hijo del hijo del general condecorado de una revolución casi centenaria o el sobrino del hijo del sobrino del presidente de los 50’s. Todos ellos finísimas personas, que son los únicos que saben el cómo, el qué y el por qué de un discurso adormecedor que no nos conduce demasiado lejos.

 

En tanto, 40 millones de sujetos no aprenderán nunca a decir sin privatización y seguirán siendo el antes de un spot televisivo. Los otros 60 tratando de creer que en el discurso democrático se encuentra la respuesta a nuestras quejas cotidianas. Y cuando todo pase, cuando millones de pesos se hayan derrochado en convencernos, cuando en 3 años nos repitan el discurso de hace 3 y de hace 6 y de hace 12 y de hace 24 para volver a formarnos en la fila por otros 3, por otros 6, por otros 12, por otros 24, estaría interesante preguntarnos si todo esto nos sirvió de algo, de un poquito aunque sea.

 

 

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Detrás del disfraz (3/3)

Detrás del disfraz (3/3)

Carnaval de protestas en Campeche

A menudo se describe al carnaval campechano como una fiesta totalmente alejada de la farándula política, asociándolo solo con las actividades artísticas, familiares e inclusive empresariales, detallando además cuáles son sus características, los escenarios donde se han desarrollado los mayores eventos sociales dentro del marco carnavalesco y las anécdotas curiosas de las personas que han interpretado a sus reyes en sus distintas ediciones, pero se olvidan por completo que la protesta social también es parte del carnaval.

El inicio de este texto se refirió al concepto global del carnaval y de la cual la mayoría de los académicos y especialistas coinciden: el carnaval es el lugar para el desenfreno y el universo donde está prohibido prohibir. Bajo este contexto, la crítica de los campechanos hacia sus gobernantes, interpretándolos con máscaras y disfraces, es parte integrante de las fiestas en honor al llamado "Rey Momo", dios de la burla y la locura, que con sus críticas grotescas divertía a los dioses del Olimpo.

Campeche y sus habitantes no han sido ajenos a las medidas políticas de nuestras autoridades nacionales, y como tal, nos afecta sobremanera ya sea de forma positiva o negativa. La ausencia de la cultura de la democracia, las crisis económicas sexenales, las ineficientes administraciones, la corrupción, el nepotismo, la impunidad, el crecimiento de la pobreza y la falta de empleo impactan profundamente en la sociedad campechana, principalmente en las clases medias y bajas, las más afectadas por las consecuencias negativas de las perturbaciones financieras y políticas.

El sentimiento generalizado de frustración de la población campechana, comúnmente pasivo la mayor parte del año, salía a la luz pública dentro de los marcos del carnaval. Este era una de sus principales maneras de decir a los gobernantes el odio que sentían hacia ellos. La parodia y la burla fueron un reclamo justificado y mínimo si lo comparamos con los grandes desfalcos cometidos por los hombres de posición elevada. La humillación de éstos en el carnaval es una explosión de alegría para el marginado o el ciudadano corriente que veía como sus anhelos de bienestar se le esfumaba.

Como se ya se explicó, pese a la exigencia de anular las elecciones de 1988, Salinas de Gortari se convirtió en el primer mandatario de México. El hombre fuerte era él y las acciones drásticas contra sus adversarios fueron rápidas. La aprehensión de Joaquín Hernández Galicia fue uno de esas maniobras políticas que sacudió a la opinión pública. La sociedad campechana reaccionó en el carnaval de 1989. En esta edición la mofa hizo acto de presencia cuando unas personas contagiadas con la libertad que da el carnaval personificaron al dirigente petrolero y sus seguidores[1].

Sin embargo, en 1990 otro grupo de ciudadanos salió a desfilar haciendo circular panfletos donde se podía leer su disgusto contra el impopular "Pacto" entre el Gobierno, el sector patronal y los obreros, donde estos eran los más perjudicados al retener sus salarios. Uno de los integrantes de este pequeño contingente apareció semidesnudo mostrando una pancarta que le tapaba la parte delantera de su cuerpo, que decía lo siguiente: "ACZ. Gracias al vino, las mujeres y el pacto estoy así"[2]. La referencia es a todas luces clara y no es difícil imaginar la risa entre los asistentes de aquel sábado de bando. Además la pancarta tiene las siglas de un dirigente obrero y ex gobernante campechano, Abelardo Carrillo Zavala.

En 1991 los tambores de guerra se escuchaban en el mundo. Irak invadió al pequeño país petrolero Kuwait para anexarlo a su territorio. En respuesta Estados Unidos le declaró la guerra al país invasor. Fue una guerra que le permitió demostrar a los ojos del mundo el poderío bélico de la nación norteamericana y el nuevo orden mundial tras la caída del comunismo; su victoria sobre el país árabe fue contundente. Sin dejar a un lado la crítica nacional, uno de los desfilantes  vestido de traje negro y con la máscara de Carlos Salinas sacó una pancarta que decía: "Ni Bush ni Hussein"[3]. George Bush era el presidente de la potencia internacional triunfante, luego de la disolución de la Unión Soviética se ufanaba de derrotar al comunismo y Hussein era el dictador irakí despiadado, pero Salinas de Gortari era el personaje más poderoso de México y su firmeza no era menos que la de los políticos anteriores. Quizá así lo sentía la persona que personificó al presidente; Salinas de Gortari era simplemente el rey todopoderoso.

En 1994 florecieron de nuevo las alusiones políticas en el carnaval de Campeche, la razón esta vez era el conflicto armada en Chiapas. Los sentimientos pacifistas en medio de un año virulento así como la burla fue un ingrediente más de un grupo de campechanos en la edición 412 de las actividades carnestolendas local. Durante el sábado de bando desfiló un contingente con diferentes leyendas. Se trató de un grupo de guerrilleros del EZLN pidiendo la paz para aquel estado enclavado en el sureste mexicano, los protagonistas iban en un jeep. Otra crítica, esta más alusiva era el presidente Salinas de Gortari, acompañado de los zapatistas, hombres con los rostros cubiertos con pañoletas portaban rifles de juguete en sus manos y en el mismo vehículo, también un jeep, integrantes del Ejército mexicano[4]. Fue posible ver abrazándose a estos personajes en la magia del carnaval, solo en este marco pudo llevarse a cabo la reconciliación de personajes con interpretaciones del mundo tan diferentes. El poderoso presidente tecnócrata sentado con el indígena hambriento de justicia dándose ambos las manos sin rencores. La humanización de Carlos Salinas y la reivindicación del indígena estaban en el imaginario colectivo de aquellos años. En el carnaval fue una realidad.  

La paz en Chiapas fue un proceso complejo y duradero. En 1995 las negociaciones de paz entre el Estado y el grupo rebelde todavía estaban en su apogeo. Una vez más el proceso no fue ignorado por los campechanos ávidos de expresar su espíritu pacifista y desahogar tensiones en el carnaval. Para esta ocasión un encapuchado exhorta a continuar la lucha en su pancarta, pero no es lo único a lo que hace alusión. También clama justicia por los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, contra la pobreza y la corrupción. El subcomandante Marcos, líder zapatista, estuvo en el mismo derrotero del desfile del sábado de bando, con su simbólico pasamontañas, boina verde olivo, las cananas atravesadas en su pecho, y los inconfundibles pantalones mezclilla, chamarra, botines y su rifle de juguete[5].

Carlos Salinas de Gortari se transformó en el personaje más parodiado en las manifestaciones de protesta en todo el país y por ende en el carnaval de Campeche. En 1996 el pueblo seguía reclamando castigo para los culpables de la crisis económica que lo llevó a la debacle. En el imaginario popular se encontraba el germen de la revancha contra el otrora presidente de México, acusado una y otra vez de aquella catástrofe. Como muy lejos se encontraba de ser juzgado, el ingenio hizo su aparición cuando el pueblo oprimido sentenció y ordenó la aprehensión de Salinas de Gortari, quien fue encerrado tras las rejas del famoso penal de máxima seguridad Almoloya de Juárez, lugar donde recluían a los criminales más peligrosos[6]. Los campechanos que acudieron al desfile fueron testigos de un hombre disfrazado con traje y sombrero de rayas con la máscara del ex presidente y rodeado de una jaula grande no hallaba la manera de escapar ante el inevitable juicio de la población.

Por último, 1997 fue uno de los años más ricos en materia política. Había tela de donde cortar y así se hizo. Las noticias sobre la localización de las supuestas osamentas de un desaparecido legislador federal en una finca fueron objeto del escarnio público. La vidente que dio las pistas para su localización fue vapuleada por la mofa del pueblo. En el carnaval de este mismo año, un hombre recreó a Francisca Zetina, La Paca, ataviado con una largo vestido, máscara con cabeza amplia y grandes orejas (quizá una combinación entre Carlos Salinas y la vidente), enseñaba un letrero en busca de la osamenta de Salinas y Rocha[7] (apellido del diputado federal cuyos restos supuestamente eran los encontrados en la finca), sin duda las huellas recientes de este enredo provocó numerosas burlas entre el público del desfile.

De nuevo Carlos Salinas es víctima de la revancha del pueblo, pero esta vez acompañado de un histórico personaje: Fidel Castro, presidente de Cuba. Este, desde que llegó a la Presidencia de su país en 1959 mediante una revolución, se había aferrado al poder impulsando cuantiosas medidas sociales, pero el pueblo mexicano lo veía como un dictador vitalicio. Tanto Salinas de Gortari como Fidel Castro son, a juzgar por la leyenda que llevaban en sus espaldas: "Una pareja de pillos"[8].

Finalmente en este carnaval hace su aparición el Chupacabras, extraña especie de monstruo cuya dieta básica consistía en comer gallinas, cabras, borregos y animales de corral. En aquellos años su aparición fue señalada como una estrategia publicitaria del propio Gobierno Federal para desviar la atención pública. El pueblo una vez más retomó esta situación con su acostumbrada mofa. Un campechano se disfrazó del Chupacabras colocándose una horrible máscara con los cabellos parados, nariz quebrada, ojos saltones y boca abierta con los colmillos salientes cubierto con una ropa que más bien parecía un cavernícola[9]. Supuestamente los avistamientos del Chupacabras habían acontecido en México y otros países, devorando los animales de los granjeros.

Así concluye un breve recorrido por la otra cara del carnaval campechano, la de la protesta social. Sin duda estas manifestaciones eran el sentimiento de una ciudadanía que ya no quería que sus gobernantes se sintieran dueños del poder sino los detentadores temporales de ésta, sometidos al estricto imperio de las leyes como cualquier persona común y corriente.

 

 

Bibliografía

 

-Burke, Peter. La cultura popular en la Europa moderna. Altaya. Barcelona. 1997.

 

-C. Scott, James. Los dominados y el arte de la resistencia. Ediciones Era. México. 2000.

 

-Darnton, Robert. La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. Fondo de Cultura Económica. México. 2004

 

-Dzib, Ubaldo y Gantús, Fausta. Las fiestas populares en Campeche (Origen, evolución y estado actual). Ayuntamiento del Carmen/Casa de la Cultura. 1994.

 

-Eco, Humberto. ¡Carnaval! Fondo de Cultura Económica. México. 1998.

 

-Smicht, Samuel. En la mira. El chiste político en México. Taurus. México. 2006.

 

Fuente consultada

 

Periódico Tribuna

 

Archivo consultado

 

Archivo General del Estado de Campeche

 


[1] Tribuna. 5 de febrero de 1989. p. 2-A

[2] Tribuna. 28 de febrero de 1990. p. 6-A

[3] Tribuna. 10 de febrero de 1991. p. 6-A

[4] Tribuna. 13 de febrero de 1994. p. 6-A

[5] Tribuna. 26 de febrero de 1995. p. 5-A

[6] Tribuna. 18 de febrero de 1996. p. 3-A

[7] Tribuna. 9 de febrero de 1997. p. 3-A

[8] Ibidem

[9] Ibidem

Detrás del disfraz (2/3)

Detrás del disfraz (2/3)

Crisis política en México

Los últimos cinco sexenios de la era priísta, que estuvieron caracterizados por la supremacía del presidente de México emanado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), organización partidista que debía parte de su fuerza a la composición de los sectores obrero, campesino y popular controlados por el primer mandatario, fue una época agitada en la vida política y social del país, las controversiales decisiones de las autoridad presidencial en materia económica había provocado una profunda crisis financiera que repercutió en la situación material de los mexicanos. Los profundos desbarajustes económicos deterioraron el nivel de bienestar de miles de habitantes. De medidas populistas enfocadas a estatizar las empresas (Echeverría Álvarez, López Portillo) se transitó a un orden de apertura exterior (De la Madrid, Salinas de Gortari, Zedillo Ponce de León).

            En el sentido político, el esquema de partido único comenzaba ha deteriorarse. Otras alternativas partidistas saltaban en la arena electoral convirtiéndose en la voz cantante de los reclamos democráticos del pueblo mexicano. Sin ganar aun posiciones de elección popular importantes, progresivamente el Partido Acción Nacional (PAN) y las todavía débiles agrupaciones de izquierda exigían cambios en la vida pública de México y progresivamente fueron escalando peldaños en el espectro político, sabiendo capitalizar muy bien el hartazgo social contra el régimen.

            Sin embargo, de los últimos sexenios priístas, uno de los más recordado fue el de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Este presidente, encasillado dentro de los llamados "tecnócratas", es decir, un presidente con formación económica y con políticas dirigidas a favorecer el mercado, se vio envuelto en el escándalo desde su ascenso al poder. En 1988 ganó las elecciones presidenciales en medio de un sentimiento generalizado de malestar de la población, en lo que la oposición consideró un grave fraude electoral. Desde ese momento su gobierno ya llevaba la marca de la ilegitimidad, pero su astucia política cambió el escenario, aplicando programas sociales destinados a ganarse la confianza de los mexicanos. El programa Solidaridad contó con una enérgica promoción incial en las zonas marginadas del país para combatir la pobreza, con esta medida se logró construir escuelas, mejorar los caminos, rehabilitar y construir hospitales, etc.

            Desde el inicio del sexenio Salinas de Gortari mostró firmeza al ordenar el arresto del máximo líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, "La Quina", con esta acción el Gobierno tomó las riendas del sindicato petrolero, que se oponía a las políticas privatizadoras, además de que fue acusado de apoyar a los adversarios políticos del presidente durante las elecciones de 1988. Hernández Galicia fue conducido a prisión junto con sus colaboradores más cercanos por posesión ilegal de armas.

            Sus reformas fueron aclamadas internacionalmente, sin embargo, hacia el final de su gobierno la debacle hizo estragos en México. Las políticas públicas impulsadas en su administración no estuvieron exentas de la dura crítica de los opositores. Si bien había logrado firmar el Tratado de Libre Comercio con dos potencias mundiales (Estados Unidos y Canadá), los sectores nacionalistas cuestionaron fuertemente la privatización de varias empresas importantes, entre ellas Teléfonos de México (Telmex) y la Banca, con lo que redujo la participación del Estado en la economía mexicana. La modificación al artículo 21 constitucional con la cual se daba por concluido el reparto agrario fue otra medida que despertó la censura de sus detractores. También el "Pacto" fue una decisión controvertida, dirigido al entendimiento entre el Gobierno, los empresarios y los trabajadores, no obstante, reducía a los obreros al docilismo hacia sus líderes y mantenía bajo sus ingresos.

            En la administración salinista empezó la reconciliación del Estado con la Iglesia. Elecciones estatales marcadas con el sello del fantasma electoral empañaron la marcha de un verdadero desarrollo democrático y, por ende, la ruptura con las fuerzas opositoras, pese a todo esto, lo que ensombreció aún más el gobierno de Salinas de Gortari fue la sangre derramada a causa de la violencia que ensañó territorio mexicano. El estallido de la rebelión en Chiapas en 1994 -Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)-, así como el asesinato del candidato oficial Luis Donaldo Colosio en marzo de ese mismo año no hicieron más que enrarecer la atmósfera. En Chiapas un ejército integrado por indígenas declaró la guerra al Estado y pedía la renuncia del presidente. Luego de tomar algunos municipios el Ejército mexicano logró que el EZLN se replegara hacia la selva. Finalmente el Gobierno y el EZLN iniciaron las negociaciones para la paz.

            El otro suceso que cimbró la consciencia de México fue el crimen contra Colosio Murrieta. En plena campaña hacia la Presidencia fue objeto de varios disparos que acabó con su vida. El crimen jamás se logró esclarecer, lo cierto es que muchos no descartaron la participación del Estado en el atentado, pues las diferencias entre el presidente y el candidato habían aumentado considerablemente. Por si no fuera suficiente, semanas antes de concluir el sexenio el secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu murió asesinado, el autor intelectual fue atrapado pero no dejó satisfecho a la mayoría.

            En 1994 asumió la Presidencia de la República Ernesto Zedillo Ponce de León, quien sustituyó a Colosio Murrieta en la candidatura priísta. Lejos de disminuir el sentimiento de agravio de los mexicanos hacia el ex presidente Salinas de Gortari, la reacción de condena a éste creció, pues heredó a su sucesor una de las peores crisis económicas de la historia de México, conocido como el "Error de Diciembre" de 1994. Ernesto Zedillo tenía la misma formación economíca de su antecesor, impregnó una dinámica semejante en la conducción del país sin embargo hacia el final de su sexenio la economía mexicana se encontraba en relativa calma.

            En esta administración algunas culpas se comenzaron a pagar, la más importante fue el arresto de Raul Salinas de Gortari, hermano del ex presidente, acusado de participar en el crimen contra Ruiz Massieu. Derivado de este escándalo desaparició un legislador federal, quien también fuera señalado de intervenir en el crimen. Después se halló una osamenta en la finca "El Encanto", cuyas características fisicas coincidían, según las autoridades, con el desaparecido legislador. Lo risible del asunto fue que una vidente llamada Francisca Zetina "La Paca" proporcionó los detalles para localizar los restos. La ridiculización hacia los encargados de las pesquisas no tardó en llegar y estuvo fuertemente sometido al juicio crítico de la ciudadanía. 

La infame comedia

“A la mitad del camino de nuestra vida, me encontré en una oscura selva, por haber perdido el recto sendero”. Así comenzó Dante con su Comedia, que luego fue Divina. La nuestra, la que escribimos cada día, mucho tiene de comedia, muy poco de divina.

Sin el Virgilio que muestra el sendero, deambulamos por todos los círculos siguiendo las manecillas del reloj, es decir, del tiempo.

Somos las manecillas de un reloj que avanza, irremediable.

A veces queremos ser los relojeros, los dadores de cuerda; a veces, por casualidad, o por insistencia, lo logramos por un momento. Esto viene a salvarnos de vez en cuando y entonces creemos que es posible dirigir alguno de los hilos. Este breve instante nos hace alcanzar a Beatriz por un segundo, aunque luego sigamos girando en los desinentes círculos concéntricos de donde antes habíamos partido.

Esa es la historia.

Es así como, de pronto, nos sorprende el mediodía. 

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