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DIÁLOGOS POSTMODERNOS

Detrás del disfraz (3/3)

Detrás del disfraz (3/3)

Carnaval de protestas en Campeche

A menudo se describe al carnaval campechano como una fiesta totalmente alejada de la farándula política, asociándolo solo con las actividades artísticas, familiares e inclusive empresariales, detallando además cuáles son sus características, los escenarios donde se han desarrollado los mayores eventos sociales dentro del marco carnavalesco y las anécdotas curiosas de las personas que han interpretado a sus reyes en sus distintas ediciones, pero se olvidan por completo que la protesta social también es parte del carnaval.

El inicio de este texto se refirió al concepto global del carnaval y de la cual la mayoría de los académicos y especialistas coinciden: el carnaval es el lugar para el desenfreno y el universo donde está prohibido prohibir. Bajo este contexto, la crítica de los campechanos hacia sus gobernantes, interpretándolos con máscaras y disfraces, es parte integrante de las fiestas en honor al llamado "Rey Momo", dios de la burla y la locura, que con sus críticas grotescas divertía a los dioses del Olimpo.

Campeche y sus habitantes no han sido ajenos a las medidas políticas de nuestras autoridades nacionales, y como tal, nos afecta sobremanera ya sea de forma positiva o negativa. La ausencia de la cultura de la democracia, las crisis económicas sexenales, las ineficientes administraciones, la corrupción, el nepotismo, la impunidad, el crecimiento de la pobreza y la falta de empleo impactan profundamente en la sociedad campechana, principalmente en las clases medias y bajas, las más afectadas por las consecuencias negativas de las perturbaciones financieras y políticas.

El sentimiento generalizado de frustración de la población campechana, comúnmente pasivo la mayor parte del año, salía a la luz pública dentro de los marcos del carnaval. Este era una de sus principales maneras de decir a los gobernantes el odio que sentían hacia ellos. La parodia y la burla fueron un reclamo justificado y mínimo si lo comparamos con los grandes desfalcos cometidos por los hombres de posición elevada. La humillación de éstos en el carnaval es una explosión de alegría para el marginado o el ciudadano corriente que veía como sus anhelos de bienestar se le esfumaba.

Como se ya se explicó, pese a la exigencia de anular las elecciones de 1988, Salinas de Gortari se convirtió en el primer mandatario de México. El hombre fuerte era él y las acciones drásticas contra sus adversarios fueron rápidas. La aprehensión de Joaquín Hernández Galicia fue uno de esas maniobras políticas que sacudió a la opinión pública. La sociedad campechana reaccionó en el carnaval de 1989. En esta edición la mofa hizo acto de presencia cuando unas personas contagiadas con la libertad que da el carnaval personificaron al dirigente petrolero y sus seguidores[1].

Sin embargo, en 1990 otro grupo de ciudadanos salió a desfilar haciendo circular panfletos donde se podía leer su disgusto contra el impopular "Pacto" entre el Gobierno, el sector patronal y los obreros, donde estos eran los más perjudicados al retener sus salarios. Uno de los integrantes de este pequeño contingente apareció semidesnudo mostrando una pancarta que le tapaba la parte delantera de su cuerpo, que decía lo siguiente: "ACZ. Gracias al vino, las mujeres y el pacto estoy así"[2]. La referencia es a todas luces clara y no es difícil imaginar la risa entre los asistentes de aquel sábado de bando. Además la pancarta tiene las siglas de un dirigente obrero y ex gobernante campechano, Abelardo Carrillo Zavala.

En 1991 los tambores de guerra se escuchaban en el mundo. Irak invadió al pequeño país petrolero Kuwait para anexarlo a su territorio. En respuesta Estados Unidos le declaró la guerra al país invasor. Fue una guerra que le permitió demostrar a los ojos del mundo el poderío bélico de la nación norteamericana y el nuevo orden mundial tras la caída del comunismo; su victoria sobre el país árabe fue contundente. Sin dejar a un lado la crítica nacional, uno de los desfilantes  vestido de traje negro y con la máscara de Carlos Salinas sacó una pancarta que decía: "Ni Bush ni Hussein"[3]. George Bush era el presidente de la potencia internacional triunfante, luego de la disolución de la Unión Soviética se ufanaba de derrotar al comunismo y Hussein era el dictador irakí despiadado, pero Salinas de Gortari era el personaje más poderoso de México y su firmeza no era menos que la de los políticos anteriores. Quizá así lo sentía la persona que personificó al presidente; Salinas de Gortari era simplemente el rey todopoderoso.

En 1994 florecieron de nuevo las alusiones políticas en el carnaval de Campeche, la razón esta vez era el conflicto armada en Chiapas. Los sentimientos pacifistas en medio de un año virulento así como la burla fue un ingrediente más de un grupo de campechanos en la edición 412 de las actividades carnestolendas local. Durante el sábado de bando desfiló un contingente con diferentes leyendas. Se trató de un grupo de guerrilleros del EZLN pidiendo la paz para aquel estado enclavado en el sureste mexicano, los protagonistas iban en un jeep. Otra crítica, esta más alusiva era el presidente Salinas de Gortari, acompañado de los zapatistas, hombres con los rostros cubiertos con pañoletas portaban rifles de juguete en sus manos y en el mismo vehículo, también un jeep, integrantes del Ejército mexicano[4]. Fue posible ver abrazándose a estos personajes en la magia del carnaval, solo en este marco pudo llevarse a cabo la reconciliación de personajes con interpretaciones del mundo tan diferentes. El poderoso presidente tecnócrata sentado con el indígena hambriento de justicia dándose ambos las manos sin rencores. La humanización de Carlos Salinas y la reivindicación del indígena estaban en el imaginario colectivo de aquellos años. En el carnaval fue una realidad.  

La paz en Chiapas fue un proceso complejo y duradero. En 1995 las negociaciones de paz entre el Estado y el grupo rebelde todavía estaban en su apogeo. Una vez más el proceso no fue ignorado por los campechanos ávidos de expresar su espíritu pacifista y desahogar tensiones en el carnaval. Para esta ocasión un encapuchado exhorta a continuar la lucha en su pancarta, pero no es lo único a lo que hace alusión. También clama justicia por los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, contra la pobreza y la corrupción. El subcomandante Marcos, líder zapatista, estuvo en el mismo derrotero del desfile del sábado de bando, con su simbólico pasamontañas, boina verde olivo, las cananas atravesadas en su pecho, y los inconfundibles pantalones mezclilla, chamarra, botines y su rifle de juguete[5].

Carlos Salinas de Gortari se transformó en el personaje más parodiado en las manifestaciones de protesta en todo el país y por ende en el carnaval de Campeche. En 1996 el pueblo seguía reclamando castigo para los culpables de la crisis económica que lo llevó a la debacle. En el imaginario popular se encontraba el germen de la revancha contra el otrora presidente de México, acusado una y otra vez de aquella catástrofe. Como muy lejos se encontraba de ser juzgado, el ingenio hizo su aparición cuando el pueblo oprimido sentenció y ordenó la aprehensión de Salinas de Gortari, quien fue encerrado tras las rejas del famoso penal de máxima seguridad Almoloya de Juárez, lugar donde recluían a los criminales más peligrosos[6]. Los campechanos que acudieron al desfile fueron testigos de un hombre disfrazado con traje y sombrero de rayas con la máscara del ex presidente y rodeado de una jaula grande no hallaba la manera de escapar ante el inevitable juicio de la población.

Por último, 1997 fue uno de los años más ricos en materia política. Había tela de donde cortar y así se hizo. Las noticias sobre la localización de las supuestas osamentas de un desaparecido legislador federal en una finca fueron objeto del escarnio público. La vidente que dio las pistas para su localización fue vapuleada por la mofa del pueblo. En el carnaval de este mismo año, un hombre recreó a Francisca Zetina, La Paca, ataviado con una largo vestido, máscara con cabeza amplia y grandes orejas (quizá una combinación entre Carlos Salinas y la vidente), enseñaba un letrero en busca de la osamenta de Salinas y Rocha[7] (apellido del diputado federal cuyos restos supuestamente eran los encontrados en la finca), sin duda las huellas recientes de este enredo provocó numerosas burlas entre el público del desfile.

De nuevo Carlos Salinas es víctima de la revancha del pueblo, pero esta vez acompañado de un histórico personaje: Fidel Castro, presidente de Cuba. Este, desde que llegó a la Presidencia de su país en 1959 mediante una revolución, se había aferrado al poder impulsando cuantiosas medidas sociales, pero el pueblo mexicano lo veía como un dictador vitalicio. Tanto Salinas de Gortari como Fidel Castro son, a juzgar por la leyenda que llevaban en sus espaldas: "Una pareja de pillos"[8].

Finalmente en este carnaval hace su aparición el Chupacabras, extraña especie de monstruo cuya dieta básica consistía en comer gallinas, cabras, borregos y animales de corral. En aquellos años su aparición fue señalada como una estrategia publicitaria del propio Gobierno Federal para desviar la atención pública. El pueblo una vez más retomó esta situación con su acostumbrada mofa. Un campechano se disfrazó del Chupacabras colocándose una horrible máscara con los cabellos parados, nariz quebrada, ojos saltones y boca abierta con los colmillos salientes cubierto con una ropa que más bien parecía un cavernícola[9]. Supuestamente los avistamientos del Chupacabras habían acontecido en México y otros países, devorando los animales de los granjeros.

Así concluye un breve recorrido por la otra cara del carnaval campechano, la de la protesta social. Sin duda estas manifestaciones eran el sentimiento de una ciudadanía que ya no quería que sus gobernantes se sintieran dueños del poder sino los detentadores temporales de ésta, sometidos al estricto imperio de las leyes como cualquier persona común y corriente.

 

 

Bibliografía

 

-Burke, Peter. La cultura popular en la Europa moderna. Altaya. Barcelona. 1997.

 

-C. Scott, James. Los dominados y el arte de la resistencia. Ediciones Era. México. 2000.

 

-Darnton, Robert. La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. Fondo de Cultura Económica. México. 2004

 

-Dzib, Ubaldo y Gantús, Fausta. Las fiestas populares en Campeche (Origen, evolución y estado actual). Ayuntamiento del Carmen/Casa de la Cultura. 1994.

 

-Eco, Humberto. ¡Carnaval! Fondo de Cultura Económica. México. 1998.

 

-Smicht, Samuel. En la mira. El chiste político en México. Taurus. México. 2006.

 

Fuente consultada

 

Periódico Tribuna

 

Archivo consultado

 

Archivo General del Estado de Campeche

 


[1] Tribuna. 5 de febrero de 1989. p. 2-A

[2] Tribuna. 28 de febrero de 1990. p. 6-A

[3] Tribuna. 10 de febrero de 1991. p. 6-A

[4] Tribuna. 13 de febrero de 1994. p. 6-A

[5] Tribuna. 26 de febrero de 1995. p. 5-A

[6] Tribuna. 18 de febrero de 1996. p. 3-A

[7] Tribuna. 9 de febrero de 1997. p. 3-A

[8] Ibidem

[9] Ibidem

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