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DIÁLOGOS POSTMODERNOS

Adios 2008

Adios 2008

10 meses bastaron para terminar la Teoría Psicoanalitica de las Neurosis de Otto Fenichel; casualmente en fecha 27 de Noviembre, exactamente 10 meses después de empezar a leerlo, y no fuera la fecha tan relevante sino fuera porque fue el primer día de los primeros 300 de no verla.

 

         Más allá de la referencia casi obsesiva de esa experiencia amorosa, el acabar de leer las 655 páginas de esa obra me es sumamente gratificante, puesto que ha sido un gran acompañante durante este año de refinamiento en la oscuridad, en donde por cierto, hoy en día mi vida mental es más interesante que mi vida objetal. El psicoanálisis se convirtió en el sentido de esta parte de mi vida, aunque no su fin, y entender las precisiones teóricas y su aplicación en mi propio proceso ha sido enriquecedor, frustrante, amenazante, causante de miedo y a la vez alentador.

 

         Durante estos 10 meses en que pude leer esta obra, también pude leer 6 libros más, de los cuales uno solo hace referencia al psicoanálisis, otro es la gran obra de García Márquez, y uno más que me hace recordar mi ser artístico, descubriendo el gran talento de Joaquín Sabina. Todas las páginas devoradas me han alimentado mi avidez de ensoñación, creyendo poder escribir tanto como aquellos que admiro al repasar sus líneas que escribieron mucho tiempo atrás.

 

         Más neurótico que antes soy a pesar del psicoanálisis y su teoría, ya no hablo, ya no reclamo, ya no me reafirmo, y aún así, vivo. Por eso escribo, en las últimas páginas, Fenichel escribió si acaso el psicoanálisis acaba con la creatividad del artista debido a la pérdida de las sublimaciones, él no descarta esta posibilidad, pero también realza el hecho de que el análisis acaba con las represiones que coartan la creación; yo, por lo vivido digo que se cambian los sentidos, el sentido que se le da a las cosas, y el impacto que sobre uno mismo tienen.

 

         Cuando acabé de leer, lo primero que se me ocurrió es escribir y aunque no gritar a los 4 vientos, sí hacerle saber a mis amigos lo que de mis sentidos he aprovechado. Como siempre les reitero las gracias dejándoles saber mis más preciados afectos.

 

 

Ericel Vázquez – Oaxaca, México.

Resurrección

Resurrección

POSTMODERNOS: No estaban Muertos. Colaboradores de la revista durante la lectura de textos dentro de la Feria del libro universitario 2008

Liga Posmo de la Justicia

Liga Posmo de la Justicia

De izquierda a derecha: Fernando Manzanilla, Gerardo Marrero, Héctor Malavé, Eduardo Huchín y Fernando Cab.

Clásicos del cine mexicano

Clásicos del cine mexicano

Por Omar May González

Hablar de clásicos es hablar de obras cumbres en distintas áreas artísticas o literarias que con el paso del tiempo, debido a su estética, temática, etc., permanecen en el recuerdo de las personas y se convierten, asimismo, en referencia obligada en pláticas o controversias. Así tenemos obras clásicas de la literatura, música, escultura, historia, etc.

En nuestro siglo XX, surgió al que se le ha dado por llamarse el séptimo arte: el cine. Y es que, efectivamente, a diferencia de otros adelantos del presente siglo como la televisión, la cinematografía conjuga como nadie las bellas artes como la literatura (argumento y guión cinematográfico), danza, música (ambientación), pintura (fotografía), escultura y arquitectura (escenografía), además de la visión artística del director, la imagen estética y la capacidad actoral de los personas que participan en su desarrollo, además de mostrar la cultura de las distintas sociedades del mundo, siendo éste último uno de los aspectos más valorados por los distintos críticos de este arte. 

En este número de Diálogos Postmodernos en que se ha tenido el buen tino de dedicar el presente número a Los Clásicos, he decidido centrarme en el tema de los clásicos del cine mexicano. Muy a menudo, en distintas revistas, bibliografía y programas de televisión se ha tocado el tema de los clásicos de la cinematografía mexicana, analizando principalmente las películas más sobresalientes, los actores más destacados y otros aspectos más.

En esta ocasión no haré un análisis profundo de las obras cinematográficas. Me puse a pensar cómo hacer este artículo sin parecer un erudito o caer en la pedantería de comportarme como un experto en el cine mexicano. He llegado a la conclusión de que la mejor manera de hacer efectivo este escrito es que el lector participe de ella. ¿Cómo se va a lograr esto? Pues me voy a dedicar a nombrar a las películas que en mi opinión merezcan estar -en los distintos rubros que he creado-, y el lector tomará nota de ello y le invito a que vea las películas y diga si coincide o no con lo que planteo. Demos inicio.

 

Los clásicos del cine mexicano:

-Los Olvidados. Obra cumbre del cine mexicano del director español Luis Buñuel en el que se muestra de forma cruda a las clases pobres (paupérrimas) del México de los 50’s, cuando el gobierno mexicano pretendía dar la imagen al mundo de una sociedad pujante. Además, esta película fue toda una creación en su época porque rompía con la visión idealizada de los pobres en películas sentimentales como Nosotros los pobres de Ismael Rodríguez.              

-Ahí está el detalle. Cinta que catapultó a la cima de la popularidad a Mario Moreno, Cantinflas. De humor irónico y de palabras entrecruzadas que incluso acuñó una nueva palabra en el idioma español: cantinflear. La escena del juicio a Cantinflas es simplemente inolvidable.

-Sexo, Pudor y Lágrimas. Gran comedia urbana y clasemediera. Historia bien distribuida en seis personajes perfectamente asumidos por los actores. Polémica y taquillera en su momento. Un clásico en la actualidad que refleja el modo de vida de las relaciones sentimentales de las parejas clasemedieras modernas.

-Y tu Mamá También. La mejor película de todos los tiempos para muchos. Para otros, un insulto a los oídos y a la vista. Esta cinta mexicana maneja un lenguaje irreverente y poco convencional. Como sea, nadie se quedó sin ver esta historia de dos jóvenes que en un viaje a una playa imaginaria ponen a prueba el verdadero valor de la amistad. Lanzamiento mundial de García Bernal y Diego Luna.

-La Perla. Cinta poco conocida de Emilio “el Indio” Fernández, pero que logra un retrato muy real de la vida indígena en el país, sin caer en las tonaditas chocantes. Llena de amor y belleza en su fotografía. Con un desenlace trágico, pero realista en cuanto a la situación de los indígenas y la opresión de la civilización.

 

Los rostros clásicos del cine mexicano:

-Dolores del Río. El rostro mexicano más bello y perdurable de todos los que han pasado en las pantallas mexicanas. ¿Quién puede negar que hasta su muerte conservó una belleza innegable? Clásica morena mestiza mexicana, a pesar de ser de rancio abolengo.

-Miroslava. Fría y lejana, pero sin duda el rostro más perfecto y bello que el cine mundial ha fotografiado. Eterno también, porque gracias a su suicidio no se pudo conocer el paso del tiempo en ella (y no me lo quiero imaginar). Es mejor recordarla así, eterna, simplemente poseedora de una rutilante belleza.

-Salma Hayek. Sé que habrá detractores respecto a ella, pero nadie puede negar que es el rostro mexicano más conocido en el medio artístico. Belleza morena, que sin embargo, no ha alcanzado la obra cumbre que la perpetúe como algo más que una cara bonita.

-María Félix. Aunque no es de mi agrado, no se puede negar que tuvo una belleza arrogante, que aunque a veces pasó a segundo plano por su personalidad, también engalanó el cine de México y Francia.

            -Elsa Aguirre. Indudablemente su capacidad histriónica es limitada. No lo discuto. Pero qué hubiese sido del cine si no hubiese conocido a Elsa Aguirre. Como muestra, sólo basta verla en la actualidad para corroborar que su belleza es perpetua.

 

Los galanes clásicos del cine mexicano:

            -Pedro Infante. El clásico charro parrandero, macho y jugador, pero que por extrañas magias del destino, siempre encantaba a las mujeres. Y este fenómeno se vive aún en la actualidad: muchas chicas todavía gritan por él.

            -Pedro Armendáriz. Era el galán de carácter, elegante, inteligente y de armas tomar. Sin embargo, son muy pocas los que recuerdan su personalidad, salvo la gente de su edad.

            -Mario Moreno “Cantinflas”. Él fue el antigalán. Siempre caracterizó a personajes chuscos, fodongos e ignorantes, pero con un gran corazón y sensibilidad, que mantenía enamoradas a sus parejas cinematográficas.

            -Mauricio Garcés. ‘Arroz’ fue su grito de batalla. Actor de personajes chuscos y hasta algo feminoides, pero que se convirtió con el paso de los años en la imagen del mujeriego citadino.

            -Demián Bichir. Él es el galán de la actualidad. Y aunque a muchos no nos agrade, sus continuas intervenciones –casi en todas las películas sale- lo hace referencia obligada entre los actores mexicanos.

 

Las actrices clásicas del cine mexicano:

            -Marga López. Los mexicanos tenemos el síndrome de Marga López en la sangre porque nos gusta sufrir y hacer drama, como dijo Germán Dehesa alguna vez. Nadie puede negar sin embargo su capacidad histriónica sin igual. Si tienen alguna duda vean Salón México, La tercera palabra, Hasta el viento tiene miedo, Soledad o Los tres García.

            -María Rojo. Excelente actriz de hoy en día. Intérprete de todo tipo de papeles que ha llamado la atención del mundo, al grado de que el mismo Almodóvar quiso trabajar con ella. Incluso Hollywood le rinde homenajes. Sus obras: Rojo Amanecer, Danzón y El Callejón de los Milagros.

-Stella Inda. Actriz prácticamente desconocida por las nuevas generaciones. Poseedora de una belleza muy indígena que alcanzó niveles interpretativos altísimos en las escasas películas que participó: Los Olvidados y El rebozo de Soledad.

 

Los actores clásicos del cine mexicano.

-Ignacio López Tarso. Inclasificable personaje cinematográfico, que casi nunca obtuvo personajes estelares. Sin embargo, era marco imprescindible para estrellas del momento. Gran actor, que igualmente trasciende en la pantalla chica. Lo podemos ver en Macario, El hombre de papel, La vida inútil de Pito Pérez, etc.

-Arturo de Córdova. Actor que interpretó papeles complejos, caóticos y algo paranoicos. Sin embargo su tono de voz y acento argentino marcó un hito en la historia del cine nacional. ‘No tiene la menor importancia’ es su frase célebre. Sus obras: Él, Cuando levanta la niebla, El rebozo de Soledad, El hombre que llegó a ser invisible, Despedida de soltera, etc.

-Pedro Armendáriz. Este sí logró ser más que un galán de chicas. Cumplió cabalmente su profesión de actor, al grado de trascender fronteras y hacerse fuerte en el cine norteamericano y europeo. Se puede apreciar su calidad en La Perla, Distinto Amanecer, Los hermanos Hierro, El Rebozo de Soledad, Enamorada, etc.

 

Los directores clásicos del cine mexicano:

            -Emilio Fernández. Él logró retratar la vistosidad de la sociedad indígena y rural de México. Criticado por el oficialismo patente en sus obras, no se niega la capacidad de haber armado un equipo extraordinario con el fotógrafo Gabriel Figueroa y los actores Pedro Armendáriz, Dolores del Río y María Félix. Algunas de sus creaciones son: Enamorada, La Perla, María Candelaria, Las abandonadas, Bugambilia, Flor Silvestre, La Malquerida, etc.

            -Luis Buñuel. Español que en México alcanzó el cenit de su creación cinematográfica. Surrealista hasta las cachas, tuvo el tino de hacer películas oníricas, confusas y sexualmente entremezcladas con la tragedia y el drama. Con Silvia Pinal logró sus mejores obras. Ejemplos de su mundo cinematográfico: Viridiana, El Ángel Exterminador, Los Olvidados, Ensayo de un Crimen, Él, Nazarín, etc.

            -Roberto Gavaldón. Fue un director que logró retratar en forma real la vida citadina de los mexicanos. Trabajó con grandes estrellas, y aunque no se le recuerde tan fervientemente como a los anteriores, podemos comprobar su calidad en películas como: La otra, En la palma de tu mano, El rebozo de Soledad, La Diosa Arrodillada, Macario, El Gallo de Oro, etc.

 

Los fiascos del cine mexicano:

            -Lola La Trailera. Por favor, quién puede creer que Rosa Gloria Chagoyán se podría convertir en una heroína al estilo Bruce Willis. Ni hablar.

            -El Crimen del Padre Amaro. El hecho de haber sido nominada al Oscar, no impide decir que sea un churro. Con toda esa campaña de censura por tocar temas antirreligiosos (ya pasados de moda, por cierto), hizo que tuviera un récord de taquilla. Sin embargo, la decepción llegaba al momento de ver la película. ¡Qué flojera da tan sólo escribir de ella!

            -Sin ton ni Sonia. Sólo por mencionar una de las nuevas producciones de la actualidad. De esos directores que pretenden hacer experimentos intelectuales con los impuestos de los mexicanos, sin ponerse a pensar que el cine es una industria y que hay que hacerla crecer, no plasmar sus fumadas mentales.

 

Los clásicos del cine político mexicano.

            -Distinto Amanecer. Cine político por excelencia, lleno de tramas sindicalistas y gubernamentales, cuyo trasfondo es el amor de los protagonistas: una fichera interpretada por Andrea Palma y el reportero por Pedro Armendáriz. Primer y raro intento de cine politico durante la Época de Oro del cine en México. Recomendable en extremo.

            -Rojo Amanecer. Cinta que inaugura el tan mentado Nuevo Cine Mexicano. Enlatado durante un buen tiempo y con bajo presupuesto, retrata crudamente y sin tapujos la represión estudiantil en el 68 y reivindicó a los creadores mexicanos que durante años no acertaban ni una.

            -La Ley de Herodes. Cuenta la historia de un presidente municipal en una región perdida del país que, abanderado por la Constitución de México y el PRI, pretende instaurar la legalidad. No obstante, al enfrentarse a la corrupción, a los malos manejos administrativos y a la realidad dictatorial del PRI, le entra al juego y se convierte en uno más del juego político mexicano.

            -Canoa. Cinta que cuenta la historia de un grupo de estudiantes que viajan a Puebla y en una población donde pasan la noche, sufren un linchamiento a manos de los habitantes de la comunidad. Historia regular que sólo tiene el mérito de ser como una especie de documental que nos enfrenta al fanatismo religioso que aún se vive en ciertas partes del país.

 

Creo que con las cintas antes mencionadas, el lector se  puede dar una idea de lo que la producción cinematográfica del país ha logrado. Es cierto que no hay muchas cintas que deben estar, pero bueno, la intención es entretener y no aburrir con una larga lista.

Estoy seguro que los creadores de cine en el país seguirán trabajando y darán mucho de que hablar. Por el momento, es todo.

(Omar May González)

Recetas para una infiel y sicaria lectura

Recetas para una infiel y sicaria lectura

1. Cómo empezar a leer y no morir en el intento

Es innegable la razón por la que estamos reunidos: las letras. Sí, son las mismas que de chiquillo me enseñaba la maestra “Coca” desde aquel azul mesabanco de mi primaria pública; más sin embargo las letras son distintas y varias; son mamíferas, óseas, platónicas y planctónicas, aéreas, reptantes, beatas e hijueputas. Y las descubrí yo, ocultas tras la jungla de la inercia y el tedio.

Aún así pareciera que el mundo de las letras viviera exento de ese mundo tangible, en el que abordamos camiones, compramos tortillas, vamos al “Diamante”, miramos telenovelas; en ese mundo donde Adal Ramones es el rey, donde comemos sopas Nissin, y le vamos a las Chivas… El mundo por lo regular de la gente común a la que nos debemos. Somos de raíces masivas y tan profundas como el que más. Heredamos esa cultura de nuestros padres, quienes, como en mi caso, lejos de los TV y novelas y los Condoritos gigantes no sabían de la utilidad del material impreso, y en palabras del propio Vadillo: “No todos los individuos están en disposición de descubrir los mundos de ficción sugeridos por un autor, pues de inmediato asocian esta experiencia con una serie de sensaciones desagradables y aburridas, relacionadas con la pereza mental.” Pero la peccata minuta no es sólo de los pro géneres, sino de tener una idealización de la lectura como algo inalcanzable y sólo para verdaderos genios.       

He venido hoy con la firme propuesta de hacer de este auditorio un confesionario (tomando en cuenta que los reality show han hecho de esta palabra un argot típico).  Me declaro un ladrón, un terrible iconoclasta en potencia (quizá mucho más peligroso que nuestro querido poeta Sergio Witz); todo debido a mi torcida carrera de lector fugitivo.El primer crimen sucedió hace ya más de diez años; mi casa era un manantial de cultura televisiva, un páramo indómito de artefactos legibles, si acaso un frágil libro de texto gratuito o una historieta brotaba como cactus, era un hallazgo. Recuerdo aquel viernes, cuando la maestra “Coca” nos pidió un apoyo para el rincón del libro — en aquellos tiempos la SEP había implementado un programa de mini biblioteca donada por algunas editoriales y por los alumnos— yo hice un sacrificio: en mi casa no había que donar y con todo el dolor del mundo inmolé un flamante cómic de Las Mutantes Adolescentes Tortugas Ninja; entre los Capulinitas y libros de colorear de mis otros compañeros, a la maestra le pareció decente. Tiempo después, con afán de recuperar mi tesoro, decidí husmear aquel rincón de la sala de clases con la gaveta azul que cumplía un esfuerzo nacional; sin querer abrí un libro editado por la SEP titulado La legión de la tarántula. Escrito por un tal Pedro Bayona, el libro contenía una página de puras letras y otra  de dibujos; lo llevé a casa, lo leí una y otra vez mientras observaba cómo surgía a borbotones ese negro liquido alfabético, tenía las manos manchadas de letras, aún peor, dentro de mis ojos las letras habían hecho nido y aquel cuerpo de papel impreso jamás regresó a la gaveta azul. Dos semanas después me hice de otro ejemplar que causó el mismo efecto en mí y que por supuesto jamás volvió: La maravillosa medicina de Jorge de Roald Dahl. Esto me pareció un buen trueque por mis tortugas ninja.

Ese fue mi primer crimen literario.  No sé a ciencia cierta si yo soy prueba viviente de que el programa funcionó o si fue un intento fallido… la verdad es que al entrar a la secundaria olvidé de nuevo mis crímenes y me sumergí por cuatro años en un ayuno de letras. Creo que en esa época presté más atención a las chicas y a Dragon Ball.  Pero la sangre llama y ten por seguro que si un libro te muerde una primera vez, con seguridad lo hará de nuevo.  

2. Cómo convertirse en un vampiro alfabético o en un sicario de la pluma. 

Mi segundo crimen, es de contenido y fue lo que me llevó a ser un iconoclasta de la literatura, pero también me convirtió en un ser que se arroja a la noche para sorprender algún indefenso libro y beber su prosa, su verso o su ensayo. En un ser de día guarecido en la tinta, en el grafito, un tipo que se corta las venas y no deja fluir más la sangre roja, sino la palabra.

Tenía quince años cuando descubrí un libro en el cuarto de mi hermana; libro que después fue tan satanizado como el Necronomicón, esa fue mi segunda introducción al mundo de las letras… He de confesarlo, sí, yo leí a los quince años Juventud en éxtasis. Y debo decir que en esa época no me pareció tan malo. Pero definitivamente debía serlo, porque tiempo después descubrí que para la raza intelectual decir que uno había leído aquel libro era una vergüenza.  Era y es para maleficio de Cuauhtémoc Sánchez, un libro ignorado y en el mejor de los casos, despedazado, una verdadera afrenta a la literatura. Ahora debo decir que no me arrepiento de haber leído a Sánchez, no por lo que me enseñó su libro, sino por lo que ocasionó en mí y eso es lo que agradezco. Provocó hambre de más y mejor letra. Una voracidad por la grafía de Rulfo, de Borges, de Saramago, de Paz, de Sabines, de Villoro, de Hesse, de Faulkner, de Dos Passos y de muchas más presas de  mi grafofagia. De Juventud en éxtasis, no recuerdo sinceramente nada, más que su portada con una bella imagen quizá hindú.

A final de cuentas es válido leer lo que se pueda, para formar un mejor y más venenoso criterio a posteriori; ahora que si me preguntan cuál es el mejor libro que he leído no sabría qué responder, hay tantos… lo mismo sucedió cuando, hablando con el poeta Witz, le sugerí que enumerara los mejores cinco libros que había leído y el poeta mencionó más de veinte (y aún le faltaron).

Dice Eduardo Huchín que escribir y leer nos hacen más humanos y por ende más finitos, más ilusionados, más esperanzados. Escribir y leer nos rescatan de la frivolidad del mundo, de la masa consumidora de lo instantáneo, de la estupidez que rige nuestra realidad. Eso dice Huchín, más quién soy yo para creerle o poner en duda su concepto, prefiero quedarme con su antigua máxima: “Escribir y leer, como las mentadas de madre, no sirven para nada; pero qué bien se siente uno después.”

La solución es simple. Para comenzar a leer sólo necesitas una cosa: comenzar.

(JM. García Magaña)

La profundidad de la superficie

La profundidad de la superficie

Por Janine Rincón

El hombre se encuentra en una interminable carrera en busca de la realidad. Este concepto o fenómeno, o como le quieran llamar, es uno de los enigmas que mantiene a filósofos, sociólogos, políticos, artistas, etc., en una constante búsqueda para su representación. 

El arte es uno de los principales cómplices que intenta dar al hombre un reflejo de la realidad. Es por esta razón que las obras realizadas en determinada época son sintomáticas de la ideología y del contexto en el que se realizaron. Comenta Guillermo Apollinare acerca de esto: “...las obras de arte son lo más enérgico que produce una época desde el punto de vista de la plástica. Ésta energía se impone a la época y a los hombres y es para ellos la medida plástica de una época...”. El arte no es sólo la medida de la plástica, es la medida en todos los aspectos de una sociedad, de una realidad.

 En la actualidad el arte contemporáneo transita por una carretera de superficialidad, banalidad y obscenidad. Al menos esa es la opinión que se desprende de una corriente artística como la del arte pop; pero en una sociedad como la actual tal vez el juego del arte pop es el de la profundidad de la superficie y la del espectáculo de la realidad Pero ¿qué existe detrás de una corriente artística como la del pop? ¿qué ideologías la envuelven? ¿qué síntomas de la sociedad presenta? Estas son algunas de las interrogantes que se intentarán despejar en este planteamiento. 

El arte pop es una manifestación que comienza en la década de los cincuentas en donde se intenta simplificar el contenido de las obras para crear una cultura popular. Esta pretensión va más allá, el consumidor de este tipo de arte no es el individuo de a pie; sino que esta corriente artística se convierte en un producto de análisis intelectual que intenta encontrar en la superficialidad de la Marilyn de Warhol, la crítica, la profundidad, la realidad de una época. Esto da un indicio de que el arte ya no se medirá por la estética o la crítica sino por la interpretación de un contenido superficial. Si el arte, por este lado, continúa siendo un articulo consumido e interpretado por las minorías, el pop no cumple su cometido.

 Por otro lado, el arte además de presentar señales de las sociedades se encuentra vinculado íntimamente con la ideología. Henri Lefébvre explica al respecto: “en toda obra de arte hay conocimiento, es decir, elementos de conocimiento y de ideología, y esto es lo que se une a la vida, a la práctica, a las ideas y a la representación de una época...”. El arte contemporáneo está ligado a la corriente ideológica del posmodernismo, la cual procura aliviar a las artes de la ansiedad, incitándola a olvidar los solemnes sueños de la profundidad y liberándolas mediante un tipo frívolo de libertad... el arte podría emular a la vida buena no representándola, sino transformándose directamente en ella a través de todo lo que se muestra y no a través de lo que se dice, o sea, a través del escándalo que supone su placentera falta de finalidad crítica. Esto se puede constatar en las obras realizadas por la corriente artística del pop, es con esta fusión entre post modernismo y arte pop  que se demuestra como arte e ideología, banalidad y profundidad se encuentran vinculadas íntimamente y pueden ser una fotografía o una radiografía de la sociedad. 

Con el pop y el posmodernismo se manifiesta una sociedad con su aspirada superficialidad, su negación a la crítica para dar paso a la estética, su nada que decir y todo que ver. Todos estos síntomas son abordados por Jean Baudrillard, quien describe la obra de Warhol de esta forma: “Las imágenes de Warhol no son banales por ser el reflejo de un mundo banal, sino porque resulta de la ausencia de cualquier pretensión del sujeto de interpretarlo. Resulta de la elevación de la imagen a la figuración pura, sin la menor transfiguración natural, resplandece en el vacío con todo su resplandor artificial. ” 

El comentario de Baudrillard acerca de la banalidad del receptor de las pinturas de Warhol es refutado por Roland Barthes, que explica que aunque Warhol intente ser una máquina en donde sólo se reproduzcan imágenes sin contenido crítico, siempre va existir un sujeto que al contemplar una obra lo haga pensando, deseando, temiendo, gozando, por lo tanto interpretando, dependiendo de su estado de animo. 

Es por la razón anterior que la obra de Warhol aunque intente ser superficial y banal siempre tendrá que pasar por la lupa de un receptor que interpretará lo que observa. La muerte del autor está presente y la superficialidad de Andy Warhol es sepultada por un individuo X, por un Jean Baudrillard, por un Roland Barthes que buscan en las pinturas del pop la profundidad en la superficie, el reflejo de la realidad de una sociedad en una pintura. 

Las imágenes de los artistas contemporáneos (Warhol, Lachapell, Jonhn, etc.) se convierten en un espectáculo que intenta a fuerza de ser imagen no referir a ninguna otra cosa, ni siquiera a la realidad. El problema que se manifiesta es que a fuerza de no querer expresar una realidad, el individuo  busca en la nada  y la realidad se hace evidente por su ausencia. 

En este punto se podrían unir la opinión y la representación de Debord y de Warhol respectivamente, en donde en el espectáculo, en la economía reinante, el fin no es nada y el desarrollo es todo. El espectáculo no conduce a ninguna parte salvo a sí mismo. Debord, como Warhol, desconfía de la capacidad del receptor de la que habla Barthes para interpretar lo que observa y poder compararlo con la realidad. Ambos desconfían nada menos que de la facultad de tomar conciencia de los individuos. 

La superficialidad, la banalidad, el espectáculo es un síntoma de una sociedad que se intenta ver así misma de esta forma pero que al reflexionar sobre ella y su contexto decide que es más compleja de lo que ella misma trata de aparentar. 

Después de esta reflexión sobre el arte contemporáneo como reflejo de una realidad, donde se observa el vinculo que existe entre una corriente ideológica como el post modernismo y una corriente artística como el arte pop que manifiestan fenómenos comunes de vacío, de superficialidad, de banalidad, etc., se puede llegar a una conclusión tal vez demasiado optimista e ingenua en la cual el contexto superficial que se manifiesta en el arte pop y el espectáculo no representan a una sociedad superficial, sino a una sociedad en la que los individuos buscan la profundidad en los contenidos, aunque estos contenidos se formulen en la superficie. 

El arte pop es un arte crítico no deseándolo, donde el vacío impulsa a buscar la profundidad, donde se construye una profundidad de la superficie.

(Janine Rincón)  

La otra campiña

La otra campiña

En la imagen, el subcomandante Marcos nombra a Héctor Malavé (fundador y otrora director de Diálogos Postmodernos) líder del Frente Revolucionario Intelectual Independiente "Ricardo Flores Magón". Lo acompaña JP Berman, con gorra verde.

Derecha e Izquierda

Derecha e Izquierda

En una escena, cientos de trabajadores sindicalizados protestan a las afueras de San Lázaro por la aprobación a las reformas a la Ley del Issste. En otra escena: cientos de católicos protestan a las afueras de la Asamblea Legislativa para impedir la despenalización del aborto. Sobre este último tema, la Arquidiócesis pide un referéndum, pues considera que la mayoría de los mexicanos desaprueba una acción a la que considera “un crimen”; sobre el primero, el PRD se queja de que no haya existido a su vez un referéndum entre sindicalizados ante una acción que considera “regresiva y privatizadora”.

Respecto a las protestas de la Derecha,  el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, hombre de Izquierda, dice: “De nada servirá que se intimide a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) para impedir que se aprueben los cambios legales para despenalizar el aborto”. ¿Qué hace la gente de Izquierda, a su vez, ante la iniciativa de ley del Issste? Anunciar  que impedirá su aprobación a través de movilizaciones, bloqueos y paros.

¿Será que el aborto es a la Derecha lo que las reformas al Issste a la Izquierda? Es decir, ¿no tienen la Izquierda y la Derecha por igual su palabra maldita (Privatización, Aborto) a la cual hay que rechazar sin discutir, eso sí, abanderándose en una causa incuestionable (la Soberanía, la Vida), digna de una cruzada?,  ¿no se parecen Izquierda y Derecha en sus peores aspectos más de lo que quisieran?

(Eduardo Huchín)