Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2009.
Resumen
- 05/02/2009 16:58 - SEMANA DE ESTRENOS
- 05/02/2009 17:38 - JUGUEMOS A ENGAÑAR II: EL FACTOR SORPRESA
- 07/02/2009 01:57 - OLVIDOS SIN IMPORTANCIA
- 09/02/2009 19:16 - ADICCIÓN SONORA
- 13/02/2009 02:43 - ¡QUEREMOS VER PELIS!
- 13/02/2009 02:59 - Un demo de alta fidelidad…
- 16/02/2009 22:14 - JUGUEMOS A ENGAÑAR III: La misma gata revolcada (de azul)
- 16/02/2009 22:16 - La entrega de última hora
- 20/02/2009 14:12 - Detrás del disfraz 1/3
- 23/02/2009 00:06 - La infame comedia
- 23/02/2009 17:01 - Detrás del disfraz (2/3)
- 24/02/2009 16:54 - Beirut, March of the zapotec
- 27/02/2009 22:55 - Detrás del disfraz (3/3)
SEMANA DE ESTRENOS

Para todos aquellos que preguntaban qué había pasado con el blog postmo campechano, la revista y para los nuevos lectores:
Queremos agradecer el apoyo de ustedes a esta nueva etapa del blog de Diálogos Postmodernos ya que aún en fase de prueba la respuesta ha sido muy buena por parte de nuevos y viejos visitantes.
En estas semanas han podido ver textos de entrañables colaboradores clásicos de la revista como Fernando Cab y Edén Romero de Campeche y Cozumel respectivamente, así como un par de muy buenos relatos de Ericel Vázquez desde Oaxaca, quien cerró y abrió el año como colaborador del blog. Bienvenido Eri.
Continuando con los recibimientos, es un gusto anunciarles las siguientes adquisiciones de lujo de este blog:
Se trata en primer lugar de Raymundo Ibáñez, directamente de la ciudad de la ciudad de los camotes, Puebla. Ray ya había colaborado anteriormente con Diálogos postmodernos cuando un artículo suyo abrió la edición 9 de la revista y ahora podremos leerlo mucho más seguido en este espacio. Quienes no habían tenido oportunidad de checarse los textos de Ray esta es una buena oportunidad para hacerlo. Muy recomendable.
Para los adictos a la música (¡ya nos habíamos tardado!) La sección Adicción sonora arranca con la columna de Julio César Vásquez. Análisis, tops personales y recomendaciones de un verdadero melómano radicado en Tlaxcala.
Por su parte, también de Puebla se integra por fin al equipo postmoderno Ángel de Dios Ríos. Tenía rato que andábamos tras de él. Desde su lente, Ángel reflexiona de las calamidades, satisfacciones y sinsabores de la vida cotidiana con un estilo que puede tener todo menos solemnidad.
Si te parece poco, continúa la serie "Juguemos a engañar" por el orgullosamente campechano Fernando Cab (JFCab), con un análisis de cerca sobre la selección del candidato a gobernador de Campeche que representará al partido más antidemocrático de México en las próximas elecciones.
Esto es sólo un adelanto de lo que viene. Y bueno ya arrancamos.
Bienvenidos a la era de la postmofobia.
"Y tanto le temés... que al fin sucede" (G.C.).
JUGUEMOS A ENGAÑAR II: EL FACTOR SORPRESA

Ahora que el nombre de Jorge Luis González Curi se asoma con demasiada estridencia en el escenario político campechano, la posibilidad de que sea éste quien reciba las guirnaldas del triunfo en la cercana Convención de Delegados, donde se elegirá candidato priísta a la gubernatura, estremece a más de uno. En las encuestas, otro personaje público navega tranquilamente hacia una victoria segura, pero una decisión contraria a los intereses populares se impondría contra toda lógica.
En este orden de las cosas, temores crecientes sobre la existencia de una línea oficial se antojan menos remotos y, por consiguiente, el método selectivo de la Convención de Delegados suprime la democracia de las mayorías para privilegiar la de unos pocos intereses.
Las actuales circunstancias obligan a desempolvar los archivos para ayudar a la memoria colectiva volver al recuerdo del pasado. En tres dinámicas sucesorias de tiempo atrás (1985, 1991, 1997) fue común el factor sorpresa en el núcleo revolucionario. De esta forma, las decisiones verticales ahogaron las aspiraciones de unos precandidatos para impulsar las de otros. A menudo los deseos de quienes tenían los méritos suficientes ante la mirada de la población sucumbían frente al dedo flamígero del poder central.
En esta coyuntura, de nueva cuenta somos testigos de un probable retroceso en el cual el aspirante arriba en las preferencias cruzará peligrosamente su camino con el del supuesto aspirante oficial. En tres marcos distintos, la lucha sucesoria se caracterizó por este factor sorpresa, que terminó elevando a funcionarios públicos comunes hacia una nueva y poderosa investidura: gobernador de Campeche. Ésta se enmarcan en tres épocas diferentes:
a) La imposición cetemista (1985). Hace más de dos décadas, cuando la familia revolucionaria vivía plácidamente sin sobresaltos en su propia casa, la oposición carecía de bases sociales amplias y la sociedad era testigo de las imposiciones de la clase oficialista, la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) reclamó su cuota de poder al Gobierno de la República; tras una hermética negociación que involucró a las autoridades federales y estatales, finalmente salió el humo blanco que indicaba la elección de Abelardo Carrillo Zavala.
En el extremo de enfrente se ubicaba otro legislador federal: el senador Renato Sales Gasque. La estrella de este resplandecía más que la del resto de los precandidatos en virtud de estar estrechamente ligado con el entonces Presidente de México, Miguel de la Madrid. Este factor hizo pensar que el senador navegaría en aguas tranquilas. Sin embargo, la intervención del jerarca obrero Fidel Velázquez inclinó el fiel de la balanza hacia su pupilo. La poderosa central de trabajadores exigió la tradicional cuota sectorial con que el viejo régimen repartía los cargos públicos en aquellos tiempos de monopolio partidista.
b) La imposición colosista (1991). Como en las mejores familias, la revolución institucionalizada fue testigo de las primeras rebeliones de los hijos contra sus padres. Tres años antes Rosa María Martínez Denegri abandonó la casa paterna para encontrar un nuevo hogar político en las fuerzas opositoras. Este importante acontecimiento antecedió el escenario en vísperas del proceso interno de aquel año.
Al tiempo que la oposición se nutría de ex priístas, en el seno del Revolucionario Institucional la cercanía de la competencia electoral estimulaba los apetitos del poder. Sobre el ruedo saltó, abriéndose paso entre los demás aspirantes, el nombre de Carlos Sales Gutiérrez, funcionario con una gran influencia dentro la administración pública federal en razón de sus vínculos con Manuel Camacho Solís, quien a su vez una larga amistad lo unía con el Presidente de México, Carlos Salinas de Gortari. Ni siquiera las agresiones en su contra cuestionando su residencia fuera de Campeche parecían desviar la dirección de los vientos que soplaban a su favor.
Muy pronto, los movimientos desarrollados en el centro nacional despojaron de su aureola de santidad al principal aspirante. En aras de dejar el campo abierto a su futuro heredero en la Presidencia de la República, Salinas de Gortari fue cediendo el terreno político a Luis Donaldo Colosio Murrieta en detrimento de Camacho Solís. Este cambio modificó considerablemente el curso de las cosas. Como dirigente priísta, Colosio Murrieta emprendió una cruzada buscando su consolidación y metió las manos en el proceso interno de Campeche. Sorpresivamente la candidatura desembocó en su amigo Jorge Salomón Azar García, quien ocupaba una delegación federal en Chiapas.
c) La imposición zedillista (1997). A pesar de las conquistas ciudadanas en diferentes entidades del país, en nuestras fronteras la clase política oficial seguía subordinado a los designios presidenciales, amén del sentimiento de malestar de la población contra el Gobierno del Estado. Una protagonista clave abordó el barco en medio de este escenario adverso: Layda Elena Sansores Sanromán.
La senadora Sansores Sanromán ya había despertado las simpatías populares, sin embargo, su negativa a las privatizaciones y el aumento de los precios la alejaron de la venia del Presidente de la República, Ernesto Zedillo. En ese instante, la familia priísta le dio la espalda, distanciándola aún más de la candidatura. A pesar de sus acciones de rebeldía, los dados ya estaban cargados hacia Carlos Sales Gutiérrez. Ahora que parecía llegar a puerto seguro, la renuncia de la legisladora federal rompió de súbito la calma y tiró por la borda la candidatura de Sales Gutiérrez.
El Partido de la Revolución Democrática abrió sus puertas a la senadora Sansores Sanromán. Su destape como candidata de la oposición encendió los focos de alarma dentro del priísmo nacional en la entidad, que miraba con pasmo la renuncia masiva de sus militantes. Una de las repercusiones de estos hechos fue la determinación de otorgar la candidatura a quien quizá era el priísta más conocido: Antonio González Curi, bajo el consentimiento de las autoridades federales y estatales.
El capítulo siguiente es historia. Vale destacar en esta última sucesión las voces de protesta que se elevaron masivamente en el aire rechazando una imposición más como signo característico de los priístas, dando al traste a las aspiraciones de quien merecía la candidatura.
El factor sorpresa está presente en estas sucesiones de Gobierno y ahora parece que Jorge Luis González Curi repetirá el mismo episodio. A menos que no quieran confiarse en sus laureles, los delegados de la Convención priísta deberán decidir por quien está encabezando la confianza de la población campechana: Fernando Ortega Bernés.
En esta coyuntura política es interesante puntualizar que Convergencia está a la espera de lo que suceda en el PRI. Si la falta de criterios democráticos persiste, entonces estaremos hablando de un nuevo episodio de rompimiento interno y una segura canalización del malestar ciudadano conducido por Convergencia, que quizá pondrá en jaque a la otrora familia feliz priísta.
OLVIDOS SIN IMPORTANCIA
Hay que decir que decir "clase media" es medio decir. Lo cual significa que uno no es rico, pero tampoco pobre; no es ignorante del todo (se sabe -o se cree saber- sumar, restar, firmar vouchers, leer los instructivos de los electrodomésticos y lo que significan frases como "kilómetros por hora" o "para toda la vida"), pero tampoco culto; no es inocente, pero tampoco malévolo; no entiende qué es una lucha de clases, pero se suma a las más posibles; no sabe un coño de filosofía, pero toma café en grupo mientras usa palabras como democracia, libertad, institución o paradigma.
O sea que se repudia a lo de abajo, se aspira a lo de arriba, se come el mole con cubiertos.
También es causa de mala memoria. Poco a poco, o de madrazo, se le olvida que, no hace mucho, en lugar del plastiquito azul paga-todo en la cartera, traía una cartita de la última novia pa-ra-to-da-la-vi-da y en la bolsa, en lugar de las 45 llaves del coche, de la casa, del negocio, unas cuantas moneditas que alcanzaban o para el autobús de regreso o para los famosos cigarros sin filtro con papel arroz. No se acuerda, no quiere acordarse, que su viaje más largo fue a la pirámide de Cholula y, su actividad más glamurosa, caminar por alguna plaza comercial semi de moda creyendo que tiraba el rostro. Su bebida favorita no era el Whisky on the Rocks (¿what?), sino una caguama banquetera. Su ilusión automovilística posible era un vochito 85 y no el jetta último modelo que todo mundo tiene ahora, por lo menos en la cabeza, por Dios santo, hasta en la cabeza, madre mía, lo único en la cabeza.
Así que ya no es (en sus pláticas, en su memoria, en su cama, en su casa) el pobrecito adolescente que pedía coperacha para invitarle el helado más caro de la historia a la dulce niña de ojos miel que se dignó a regalarle una sonrisa. Qué va. Ahora cuenta que ella, la hermosa hija de los Iturralde, se moría por usted, que la sedujo con su encanto, con su don natural de Casanova y le hizo el amor con la infinita pasión de los 15 años. Ahora la única revolución posible está en el departamento de quejas y en las filas del banco con el de la camisita azul del de adelante. Los pobres siguen siéndolo por huevones mientras usted y yo seguimos chingándonos cada día para hacernos un futuro después de años de partirnos la madre en la uni, porque no, nunca nos volamos las clases ni pasamos de panzazo ni le copiamos al de junto ni nos hicimos amigos del profe buen pedo.
No. Nosotros jamás de los jamases fuimos nada de eso y no tenemos ni la mitad de lo que merecemos.
ADICCIÓN SONORA

Discos que escucho sentado; discos que escucho de pie
Por Julio César Vásquez
Track 01
Hola y bienvenidos a esta cita emocional y sonora. Doy inicio a esta colaboración para Diálogos Postmodernos con la emoción de hablar de algo que me apasiona, que es la música, y más allá de ella, de los discos.
Para el melómano nada se compara con la escucha del concierto, del recital, del baile, del ensayo, incluso. Sin embargo, tales momentos son para vivir una experiencia multimedia, para regodearse en el ambiente, la gente, la expectativa, el gozo, los olores, el delay que genera el auditorio, el músico y su interacción, los bises, la experiencia de cantar temas favoritos, aplaudir, tener a alguien gritando unos metros allá.
Pero el disco es algo diferente, íntimo, personal, claro. No me voy a referir a los establecimientos que tienen a la música grabada como parte de su paisaje. No. Me refiero al disco.
Track 02
Hace unos años, en los días del acetato, el solo hecho de abrir un disco nuevo era ya todo un ritual, el inicio de un idilio o una enemistad jurada; con el advenimiento de los días de la música en formato digital, las cosas son diferentes en cierto grado, pero no deja de ser emocionante cuando se va a oír un disco por primera vez.
En la programación de tracks uno puede viajar por las emociones, involucrarse con una pista, identificar al sencillo comercial, declararse adicto a una canción por unos días.
Track 03
Hay discos para oírse sentado, bueno, en reposo. Los escuchas, los sientes. Es una experiencia emocional, llena de hormigueos y suspiros. A mí no me gusta (pero eso es subjetivo) oír un disco por primera vez fumando o bebiendo algo. Degustar la música, como sucede con los puros y el vino, debe ser algo fino para percibir las primeras sensaciones in situ, opinar de las generalidades, para ya después poder mezclarlas con otras experiencias, como sucede con los puros y el vino y (ahí se los dejo -con la comida, con la tertulia-).
Hay discos para escucharse de pie, para debatirlos o para bailarlos, para acompañarlos con actividades físicas (sí, incluso esa que estás pensando), discos que te dejan sin aliento desde que los pones en el reproductor. Discos que te levantan, pues.
Track 04
Hace muchos años, antes del advenimiento de la música pop, el disco no sostenía una unidad en sí mismo, se limitaba a ser una colección de sencillos. Con la llegada del rock se construyeron álbumes en toda forma, se hablaba de un concepto en la generalidad, existía un hilo conductor en el discurso del disco. A partir de ese momento pudimos identificar claramente la propuesta del artista.
Puedo señalar, por ejemplo, que los mejores discos de la historia (del rock, del pop y del jazz) mantienen esa unidad temática o rítmica, un corte te lleva al otro. Ha habido quien incluso monta tracks ligados como un ejercicio discursivo. Así podemos señalar que los mejores discos no son los que incluyen un clásico, sino que en sí mismos son clásicos.
Track 06
Ahora bien, antes de empezar cualquier opinión debo comentar que no voy a reseñar discos de estreno solamente o de un solo género. Primero porque "disco nuevo" no significa que haya sido presentado esta semana o este mes. Como decía Vargas Llosa de los que no han leído aún el Quijote: "Eres afortunado porque aún te queda por leerlo"; así, un disco nuevo pudo haber sido grabado en 1969.
Sobre los géneros, bueno, no creo que alguien escuche un solo tipo de música, qué aburrido; eso dejémoslo para los estantes de las tiendas y las estaciones de radio. Si bien notarás aquí una preferencia por determinados géneros, habrá espacio para hablar y discutir sobre materiales apasionantes (y otros que no son tanto).
Track 07
Para concluir, voy a dejar a disposición dos listas. Desde los tardíos 50’s, la industria musical ha procurado hacerse de listas, charts, tops (desde los 80’s esto ha crecido exponencialmente). Tales listas no tienen sentido, porque son subjetivas, a menos que sean listas de ventas donde sí existe un razonamiento concreto para armar el escalafón. Pongo a su consideración 11 discos para oír sentado y 11 para oír de pie.
A través del blog pueden publicar su opinión y en unos meses podríamos saber qué discos serán los próximos que vivirán el ritual de ser oídos por primera vez...
11 discos para oír sentado:
- 1. Todo Historias/Tutte Storie. Eros Ramazzotti
- 2. Confort y música para volar. Soda Stereo
- 3. Una mañana y un camino. Ricardo Montaner
- 4. Mercury Falling. Sting
- 5. Esta boca es mía. Joaquín Sabina
- 6. Eric Clapton. Unplugged
- 7. En cuerdas para cuerdos. Frank Delgado
- 8. Laberinto. Miguel Bosé
- 9. Descanso dominical. Mecano
- 10. Jagged Little Pill. Alanis Morisette.
- 11. Mellon Collie and the infinite sadness. Smashing Pumpkins
11 discos para oír de pie:
- Mundo. Rubén Blades
- New Adventures in Hi Fi. R. E. M.
- Siembra. Willie Colón y Rubén Blades.
- RE. Café Tacuba
- La llave de mi corazón. Juan Luis Guerra
- Dark side of the moon. Pink Floyd
- Sgt. Pepper lonely hearts club band. The Beatles
- Nevermind. Nirvana
- Thriller. Michael Jackson
- Zooropa. U2
- Blood sugar sex magik. Red Hot Chili Peppers.
¡QUEREMOS VER PELIS!

Seguimos con los estrenos. Hoy iniciamos una nueva sección, en la que estaremos comentando películas desde disntintos ángulos, no necesariamente visuales. Todos los viernes podrás encontrar aquí reseñas y críticas de cintas sin distinción de géneros que te darán una idea para la próxima vez que vayas al cine o al video club.
Qué mejor manera de echar a andar la sección que con una de nuestras películas favoritas de todos los tiempos: Alta fidelidad.
No se diga más y a leer el post.
Un demo de alta fidelidad…

"¿Qué apareció primero: la música o las penas? ¿Acaso escuchaba yo música pop porque era infeliz o era infeliz porque escuchaba música pop?". Con esta aguda reflexión da el primer golpe Rob Gordon, protagonista de "Alta Fidelidad" (High Fidelity, 2000), película basada en la novela británica de Nick Hornby. Con ella también hago mi formal aparición como colaborador invitado a este blog.
Directa, honesta, explosiva. Así es "Alta fidelidad". El filme del director Stephen Frears (Hero, Mary Reilly) nos retrata muy bien la condición humana de un melómano. La película -que se ha ganado un lugar en mi conteo personal- muestra la vida de Rob Gordon (John Cusack), un "perdedor" que valúa la importancia de sus relaciones personales a través de un Top Cinco. La vida que lleva comparando todo con música y evadiendo el compromiso, hace que su novia Laura (Iben Hjejle) lo abandone alegando que no tiene ambición y que es inmaduro. Es en este momento en que Rob hace una recapitulación de su vida con base en un hilarante Top Cinco al que da un título exagerado: "La lista suprema e indiscutible de las cinco rupturas más memorables de toda mi vida (en orden cronológico)". Con esa idea en la mente, Rob mantiene (en toda la trama) una conversación directa con el espectador cara a cara, además de mostrar que es explosivo en sus emociones y que no tiene ningún tapujo.
Cabe mencionar que también es dueño de una tienda de discos de vinilo llamada "Championship Vinile" donde trabaja con Barry (Jack Black) y Dick (Todd Louiso), empleados aún más adictos y obsesivos con la música. La interacción que muestran los tres es simplemente genial; sus diálogos son una daga (como bien diría una amiga). Asimismo, Gordon y sus trabajadores -al no tener muchas ventas- se dedican a hacer tops de canciones para todo: un funeral, un lunes por la mañana, lados B, one hit wonders, etc., situación que nos hace identificarnos aún más con el protagonista y sus obsesiones.
Ante todo, Rob Gordon es un hombre que conquista a través de compilados musicales; neurótico que puede pasar las noches de fin de semana acomodando en orden autobiográfico sus cientos de discos; parte de la genialidad de este filme se encuentra en sus diálogos llenos de arte, conocimientos y expresiones cotidianas, así como el juego entre la metáfora de la vida y la música, como el momento en que se nos muestra el punto más álgido de la decadencia del protagonista y una clienta pregunta: "¿Tienes soul?"; él responde "depende".
Mencionaré que Barry y Dick son los ingredientes que complementan la vida del protagonista. Una vez que Rob va desenmarañando los misterios del por qué siempre ha sido rechazado, nos damos cuenta de que la música es la que guía siempre a los personajesy da la pauta para crear atmósferas específicas.
La película cuenta con las actuaciones de John Cusack, Jack Black, Todd Louiso, Iben Hjejle (quien hace su presentación en el cine americano), Catherine Zeta-Jones, Lisa Bonet, Tim Robbins, Joan Cusack, Joelle Carter y Lily Taylor, que sin duda hacen un gran equipo gracias a la dirección del director Stephen Frears, quien se caracteriza por su visión crítica de la sociedad en general.
"Una comedia acerca del miedo al compromiso, odio al trabajo, enamoramiento y otras favoritas del pop", se lee en su eslogan, pero la historia va más allá del romance, el drama o la comedia: bajo los aportes personales de la música, nos muestra nuestras propias obsesiones y miedos; la necesidad de ser acompañados siempre por una melodía que nos recuerde o nos haga olvidar una situación y esa obsesión por hacer entrar a alguien en un top, como valorando su legado.
Se antoja simplemente maravillosa en su género. Indispensable sobre todo para aquellos amantes de la música y de las comedias inteligentes. En resumen: nos muestra cómo las biografías van indiscutiblemente unidas a un soundtrack.
JUGUEMOS A ENGAÑAR III: La misma gata revolcada (de azul)

Por: Fernando Cab Pérez
De la esperanza al desencanto.- El Partido Acción Nacional nació como una organización de los grupos aristócratas, en respuesta a las medidas populares impulsadas por el gobierno cardenista. Estas condiciones hacen que, a diferencia de otros partidos políticos, el PAN no encuentre sus orígenes en una de las escisiones del Revolucionario Institucional.
A través del tiempo, conforme la oferta del gobierno priísta excluía la creciente demanda de libertades democráticas de la sociedad, los panistas enarbolaron la bandera de la democracia, oponiéndose a la manipulación sectorial de las masas, las costumbres caciquiles y las prácticas autoritarias.
La entrega de los panistas en el campo de batalla estimuló la lucha de la población. A pulso, los blanquiazules obtuvieron el respaldo ciudadano, por su coraje a enfrentarse a las decisiones de los poderosos en turno. Durante años, el PAN fue el vehículo para expresar el desacuerdo de los ciudadanos contra un sistema político en descomposición. No importaban sus antecedentes religiosos ni conservadores, mucho menos la posición económica de sus miembros, su trascendencia fue más allá: abrazaba los anhelos progresistas de una sociedad cada vez más consciente.
Entre los numerosos reclamos, el colapso económico y la ausencia de instituciones democráticas ocupaban un lugar destacado. Con base en estos problemas, la sociedad partió de la premisa argumentando que, para mejorar sus condiciones de vida, era necesario sacudirse la dominación de un solo partido. El cambio de Gobierno debía ser el resorte que impulsara, en adelante, las reformas democráticas fundamentales; el primer paso para atravesar de un régimen abusivo a otro de profundo respeto a las leyes constitucionales.
Acción Nacional fue ganando espacios políticos, no sin obstáculos en el camino. Primero fueron las alcaldías, luego las gubernaturas, hasta culminar en la Presidencia de la República. Sin embargo, el sendero recorrido para coronarse en el peldaño más importante del país no estuvo exento de polémicas. A través del tiempo, los panistas fueron transitando, de una imagen honesta, a otra más próxima a los intereses particulares de los últimos gobiernos priístas. En el ejercicio del poder público, los blanquiazules no estuvieron a la altura de las demandas sociales.
Los sueños de cambio de la sociedad fueron encauzadas por el candidato presidencial panista Vicente Fox Quesada. En su intensa campaña, el político guanajuatense encarnó los ideales de justicia, democracia social e igualdad, y escuchó de cerca los planteamientos de malestar de la población contra unas autoridades insensibles a sus exigencias. Con las esperanzas depositadas en su persona, por primera vez, en más de siete décadas, la oposición ganó las elecciones presidenciales en el año 2000.
Sin embargo, la luna de miel entre el Presidente y la población mexicana derivó muy pronto en un profundo desencanto. A unos meses de asumir el Ejecutivo Federal, la administración panista puso en marcha medidas económicas neoliberales más cercanas a las fomentadas por sus antecesores priístas. Demasiado lejos estaba Fox Quesada de constituirse en el pivote que agilizara las transformaciones sociales, pues las relaciones políticas del régimen anterior permanecieron activas.
Los gobiernos emanados del PAN, amén de negociar con las añejas estructuras del priísmo para acelerar sus impopulares reformas, muy pronto dieron notables muestras de promover las mismas acciones irregulares desde las altas esferas. Felipe Calderón Hinojosa, como su antecesor, permitió que los blanquiazules de ahora destrozaran los ideales democráticos de sus orígenes partidistas. Nada ilustra mejor la adopción de las costumbres políticas excluyentes de los tricolores en el seno panista, que la portentosa ceremonia de bienvenida a las aspiraciones de Mario Ávila Lizárraga, uno de sus dos precandidatos a la Gubernatura de Campeche, hace unas semanas.
La cargada panista.- Acción Nacional ya venía picando piedra en Campeche desde hace décadas. Su historia transcurre en medio de antagonismos entre las corrientes que intentaron darle un sello genuinamente alternativo y las fuerzas vinculadas, en cierta medida, con los cacicazgos locales. La demostración del boato panista en apoyo a Ávila Lizárraga recuerda los tiempos esplendorosos de la cargada priísta, y por ende, significa el triunfo de los segundos.
El Revolucionario Institucional creó una escuela política, sus enseñanzas han sido reproducidas con mucho éxito en las recientes formaciones partidistas, pero la más añeja de todas, la que siempre combatió la inmoralidad de la clase en el poder, ha traicionado sus principios democráticos, sumándose a la indecencia galopante que siembra la desconfianza entre los ciudadanos responsables.
Como recompensa, los blanquiazules campechanos merecen la mención honorífica. Esta es una distinción otorgada a los universitarios tras aprobar con honores su examen profesional. De la misma manera, la cargada panista a favor de Ávila Lizárraga supera con creces las cargadas de signo tricolor. El escrutinio público desea conceder el reconocimiento, después de hacer una minuciosa deliberación, al Partido Acción Nacional, por atreverse a cruzar las puertas que separan la ética de la mentira.
Este veredicto contribuye a aumentar el descrédito popular hacia los blanquiazules. Aunque con algunas variantes, los líderes del panismo están actuando como si fueran antiguos miembros del priísmo populista más conservador. La movilización a favor de Ávila Lizárraga contiene los ingredientes fundamentales de los rituales políticos del viejo régimen: el desplazamiento masivo de la población a cambio de prebendas y la glorificación de un funcionario común, ataviado con las mejores cualidades humanas.
Cabe añadir que, tras el deceso de Juan Camilo Mouriño, su padre, Carlos, arribó con su mano salvadora e impidió que el PAN quedara como la gallina sin cabeza, es decir, envuelto en un escenario de disputa entre los intereses antagónicos de la dirigencia campechana y el Grupo Carmen, ante la ausencia de su jefe máximo. El precandidato Ávila Lizárraga fue bendecido por el nuevo jerarca absoluto, ahora, teniendo a este poderoso aliado de su parte, el precandidato de los carmelitas, Sebastián Calderón Centeno, está exhibiendo síntomas de flaqueza.
De muy poco sirvieron los triunfos de Acción Nacional en diferentes municipios de la entidad, en aras de iniciar una ardua labor de ciudadanización de la política, si en un santiamén, los dirigentes blanquiazules crearon sus propias mafias internas; a estas circunstancias se sumaron los poderosos empresarios en la dirección del partido y la instrumentación de medidas sociales de carácter electorero.
Mario Ávila Lizárraga es uno de los símbolos que ejemplifican fielmente la adopción de las costumbres priístas dentro del PAN. Como delegado de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), transformó esta dependencia a su cargo en una estructura para alimentarse de los votos de la clase social menos favorecida, no para impulsar programas productivos que disminuyeran la pobreza. Como en sus mejores épocas hicieran los tricolores, la simulación se apoderó del PAN, y de aquel ímpetu democrático, ya nada queda.
La entrega de última hora

La entrega de última hora es ese impulso que nos hace correr cuando vemos partir el tren que lleva -en muchas ocasiones- expectativas y necesidades que hemos dejado pasar ante nuestras exigencias o inseguridades. Recordamos entonces el tiempo que dejamos correr pensando que tenemos días para el momento citado, y así, nos ocupamos de otro tipo de actividades, fantasías o recuerdos que sin querer alimentan el producto final; sin embargo, sufrimos de tensión nerviosa al encallar sobre nuestra playa intelectual cientos de ideas que se funden en un sinsentido y que debemos separar para ser entendidos por el otro.
¿Será acaso que dejamos cosas al final debido a que lo vemos como una obligación ante una autoridad? Tal vez, pero hay varias respuestas a eso. Cuando íbamos a la primaria, muchos de nosotros peleábamos continuamente contra el sueño, las sábanas, los gritos de mamá, y las ideas del baño y de asistir a la escuela; ¿Cuántas veces llegamos tarde? Varias, porque además habían hermanos y padre que ponían la casa de cabeza en esas primeras horas del día. Aún así, acabamos la escuela sin saber cómo. Ya en la secundaria, las tareas eran particularidad absoluta de nosotros, pero optábamos por terminarlas a punto de iniciar la clase; muchas veces ni siquiera las hacíamos, no entrábamos al salón o nos pasábamos por locos cuando las circunstancias o el maestro se prestaban a eso, y ahí puede entrar esa famosa frase de: "como buenos mexicanos" éramos bastante irresponsables y sólo nos ocupábamos de las cosas que nos hacían vivir una nueva vida, esa, la adolescencia.
En esos años en que usábamos uniforme, ¿acaso alguno de nosotros se acuerda las veces en que le pedimos a nuestra mamá que nos planchara la camisa o pantalón 15 minutos antes de la hora de entrada? El olvido o el desinterés también sería una respuesta a la pregunta de por qué dejar las cosas al último momento. O eso que se reflejó en un capítulo de los Simpsons en donde Bart le dice a Marge que tiene que entregar un aparato digestivo para el día siguiente, cuando era hora de irse a la cama. ¿Qué tanto influyen nuestros padres en eso? El eterno debate cuando los padres tienen una respuesta emocional diferente ante un mismo evento; en ocasiones dicen que sí con una afabilidad que nos hace sentirnos muy queridos, pero al día siguiente nos hacen sentir culpables de haber nacido, ante una petición similar. En ocasiones, los niños no dicen nada hasta cuando es inevitable un evento venidero. Las reglas y la educación racional no deben ser acompañadas de afectos.
Como todo en nuestra vida, el amor es infaltable, ¿alguna vez hemos dejado pasar mucho tiempo antes de por fin decidirnos a hablarle a esa persona especial? Podemos pensar con quién fue, qué circunstancia, por qué no lo hicimos antes, pensar en ese miedo o angustia particular, pero el punto es que llega ser tan insoportable ese sentimiento abrumador que terminamos rompiendo con toda atadura y nos plantamos frente a ella. El resultado es que en el amor y en la guerra hay ganadores y perdedores; y a veces hasta nos preguntamos "¿por qué me tardé tanto si también sentía lo mismo?" o nos reprochamos "soy un tonto", etc.
En el trabajo se da bastante la situación de acabar algo en último momento, usando además horas extras, pero aquí podría variar la circunstancia por el hecho de que puede haber una gran carga de trabajo, así como la falta de elementos necesarios o también por estupidez. En este caso, todo correrá "bien" mientras organicemos el tiempo. También hay que lidiar con los compañeros que, más que un apoyo, a veces se convierten en un verdadero estorbo transformando todo en una carrera a campo traviesa. Lamentablemente, igual llegamos a cometer errores en los cuales sólo podemos decir "lo siento, se me salió sin querer". Me acuerdo cuando, al término de una semana de trabajo, tenía que capturar toda la información recopilada, y en vez de darle "guardar", oprimí "eliminar"; para entonces trabajábamos con un programa un tanto peculiar en donde no podía cometer esa clase de errores; el resultado: trabajar el sábado hasta las 6 de la tarde.
Por último, agotar el tiempo por nuestra obstinación. Eso me parece algo mucho más digno de resaltar; las cosas de las cuales nos sentimos orgullosos se cocinan lento para darles exactitud, afinar los bordes que aún parecen no darle la figura deseada. No queda más que exaltar aquellos momentos en que nos empeñamos en nuestra creación, siendo ese proceso como un acto de amor en donde la excitación sirve de todo. Sin pasión no hay tal hijo; su madre: la virtud tan especial de la que cada cual está dotado; la educación será entonces la evolución como seres creadores, más maduros, más versátiles, más expertos, y así, nuestro producto, será un buen ciudadano, con utilidad.
Detrás del disfraz 1/3

Carnaval de protestas
Fernando Cab Pérez
El tribunal del pueblo
Carlos Salinas de Gortari cumpliendo su condena tras las rejas en el penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez; el subcomandante Marcos y un soldado del Ejército mexicano compartiendo sin rencores el mismo vehículo; la tristemente célebre Francisca Zetina, La Paca, de paseo por Campeche reclamando la osamenta de Salinas de Gortari; el terrorífico Chupacabras bailando a ritmo de cumbia con quienes reclaman su captura por devorar salvajemente a sus borregos; Fidel Castro recibiendo el juicio irrevocable de su pueblo[1].
Estas situaciones increíbles no son, de ninguna manera, un sueño, ocurren en realidad. Su desarrollo es posible en un mundo onírico plagado de locuras y fantasías. Ese lugar común donde la alegría, la diversión y las protestas sociales se entremezclan es el mágico universo del carnaval. Aquí el sentido común es lo menos común; es como cruzar el portal de una dimensión donde lo absurdo es la norma cotidiana.
La abundante literatura sobre el carnaval subraya que sus características principales son la absoluta libertad de comportamiento, una entrega total a los placeres sexuales, los bailes y la glotonería. Siempre sobresalen diversos elementos que nunca deben faltar: "el uso de disfraces, los bailes y el abandono del trabajo para dedicarse a la holganza y el placer"[2]. Estas conductas son normales durante el carnaval, pero no debemos excluir otra de sus manifestaciones: "es el tribunal informal del pueblo", es decir, es el territorio, de carácter humorístico[3], que la población utiliza para desahogar sus frustraciones, sobre todo contra las figuras dominantes. Señala James C. Scott que el carnaval crea un espacio para el lenguaje y la agresión normalmente reprimidos. "Fue el único momento del año en el cual las clases bajas tenían permiso de reunirse en cantidades inusitadas, usando máscaras y amenazando a los que cotidianamente tenían que obedecer"[4].
Uno de las normas básicas para que el pueblo pueda disfrutar de esta liberación social es que las reglas transgredidas durante la parodia, sean, en el curso de la vida normal, respetadas por todos. Como diría Humberto Eco: "Sin una ley válida que se pueda romper, es imposible el carnaval"[5], porque nos liberamos sin temor a ser castigados por el rompimiento de esa regla, porque al disfrazarnos de gobernantes, monarcas o representantes de la alta sociedad, la ridiculización juega un papel demoledor en la deformación de sus dignidades.
En el desarrollo del carnaval, por ejemplo, en la Francia pre revolucionaria, el francés corriente destruía el sistema convencional dentro de la cual giraba su mundo para someterse al imperio del desenfreno con total impunidad. En estos momentos de diversión, la alegría iconoclasta destruía hasta la imagen de sus propios semejantes en los desfiles que organizaban: del marido cornudo, de la mujer que golpeaba al esposo, de la diferencia de edades en el matrimonio y, claro está, del rompimiento de la fuerte legislación política y social del que a menudo se sometían[6].
Es fácil imaginar la satisfacción del hombre de escasos recursos económicos, generalmente agobiado en un orden social adverso para los de su clase, sacar a la luz pública esta práctica de denuncia, puesto que aparte de constituirse en una pequeña y efímera revancha del pobre contra el rico y del humilde contra el poderoso, es el lugar donde encuentra los márgenes para evidenciar su inconformidad contra las circunstancias difíciles de la vida política y social. Así como los franceses de la época anterior a la Revolución erigieron en el carnaval el momento idóneo para su liberación, a través de la historia esta experiencia ha sido y continúa siendo un elemento más de las actividades carnestolendas.
En no pocas ocasiones la población prepara la exhibición del gobernante al escarnio público, que festeja los acontecimientos de manera que cobra venganza por los delitos cometidos por sus superiores. Los rituales consistentes en poner de cabeza el mundo sufrirían una persecución y su consecuente sometimiento por las fuerzas del orden en un escenario cualquiera, pero dentro del universo carnavalesco, el "mundo al revés" adquiere su carta de naturalización y gozan de completa inmunidad.
En las sociedades de la Europa moderna, los campesinos y las clases bajas en general ilustraban su "mundo al revés"; destaca Peter Burke que: "Al hijo se le muestra pegándole al padre, el alumno al profesor, los criados impartiendo órdenes a sus amos, el pobre dando limosna al rico, el laico celebrando misa o predicando a los curas, el rey caminando y el campesino a caballo, el marido sosteniendo al bebé e hilando mientras que su mujer fuma y sostiene la escopeta"[7].
De ningún modo estas muestras de descontento social son amenazas que pongan contra la pared los regímenes establecidos en sociedades conservadoras, es posible que las autoridades sepan que los pueblos vulnerables necesitan una salida de escape a sus frustraciones, en consecuencia permiten montar a los sectores sociales bajos todo ese espectáculo burlesco durante el carnaval, pues saben que esas expresiones de rechazo hacia sus políticas públicas impopulares no son fuerzas beligerantes con el suficiente poder para derribarlos. Al culminar las fiestas carnestolendas, retorna el mundo de la ley y el orden: se abandonan los disfraces, la mofa se oculta de nuevo y los campesinos, obreros y ciudadanos desempeñan el papel que le corresponde cotidianamente.
Estas expresiones contribuyen a crear espacios de desahogo que retrasan estallidos sociales más violentos, al encontrar en estos resquicios del carnaval una revancha y una liberación momentáneas a sus problemas diarios. Las burlas públicas a los gobernantes no van más allá del carnaval, fuera de eso existen críticas que el pueblo se crea en atmósferas privadas o en sus círculos íntimos como es el caso de los chistes, las señales obscenas o los discursos groseros que además transitan en ese mundo popular sin tener una específicamente un autor a quien señalar.
[1] Éstas expresiones son ejemplos de pequeñas protestas sociales llevados a cabo, con toda naturalidad, en el Carnaval de Campeche durante los concurridos "Sábados de bando".
[2] DZIB CAN, Ubaldo y GANTÚS INURRETA, Fausta. Las fiestas populares en Campeche (Origen, evolución y estado actual). Ayuntamiento del Carmen/Casa de la Cultura. 1994, p. 36
[3] Entendiendo el humor como una serie de situaciones que provocan la risa. El humor también funciona para enfrentar a los sectores bajos de una sociedad con aquellas realidades crudas que de alguna u otra manera sería imposible hacerles frente, y transgrede mediante la diversión el liderazgo de los miembros poderosos de las sociedades. SMICHT, Samuel. En la mira. El chiste político en México. Taurus. México. 2006. p. 47
[4] C. SCOTT, James. Los dominados y el arte de la resistencia. Ediciones Era México. 2000, pp. 214-215
[5] ECO, Humberto. ¡Carnaval! Fondo de Cultura Económica. México. 1998. p. 16
[6] DARNTON, Robert. La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. Cuarta reimp. Fondo de Cultura Económica. México. 2004, p. 89
[7] BURKE, Peter. La cultura popular en la Europa moderna. Altaya. Barcelona. 1997. p. 271
La infame comedia
“A la mitad del camino de nuestra vida, me encontré en una oscura selva, por haber perdido el recto sendero”. Así comenzó Dante con su Comedia, que luego fue Divina. La nuestra, la que escribimos cada día, mucho tiene de comedia, muy poco de divina.
Sin el Virgilio que muestra el sendero, deambulamos por todos los círculos siguiendo las manecillas del reloj, es decir, del tiempo.
Somos las manecillas de un reloj que avanza, irremediable.
A veces queremos ser los relojeros, los dadores de cuerda; a veces, por casualidad, o por insistencia, lo logramos por un momento. Esto viene a salvarnos de vez en cuando y entonces creemos que es posible dirigir alguno de los hilos. Este breve instante nos hace alcanzar a Beatriz por un segundo, aunque luego sigamos girando en los desinentes círculos concéntricos de donde antes habíamos partido.
Esa es la historia.
Es así como, de pronto, nos sorprende el mediodía.
Detrás del disfraz (2/3)

Crisis política en México
Los últimos cinco sexenios de la era priísta, que estuvieron caracterizados por la supremacía del presidente de México emanado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), organización partidista que debía parte de su fuerza a la composición de los sectores obrero, campesino y popular controlados por el primer mandatario, fue una época agitada en la vida política y social del país, las controversiales decisiones de las autoridad presidencial en materia económica había provocado una profunda crisis financiera que repercutió en la situación material de los mexicanos. Los profundos desbarajustes económicos deterioraron el nivel de bienestar de miles de habitantes. De medidas populistas enfocadas a estatizar las empresas (Echeverría Álvarez, López Portillo) se transitó a un orden de apertura exterior (De la Madrid, Salinas de Gortari, Zedillo Ponce de León).
En el sentido político, el esquema de partido único comenzaba ha deteriorarse. Otras alternativas partidistas saltaban en la arena electoral convirtiéndose en la voz cantante de los reclamos democráticos del pueblo mexicano. Sin ganar aun posiciones de elección popular importantes, progresivamente el Partido Acción Nacional (PAN) y las todavía débiles agrupaciones de izquierda exigían cambios en la vida pública de México y progresivamente fueron escalando peldaños en el espectro político, sabiendo capitalizar muy bien el hartazgo social contra el régimen.
Sin embargo, de los últimos sexenios priístas, uno de los más recordado fue el de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Este presidente, encasillado dentro de los llamados "tecnócratas", es decir, un presidente con formación económica y con políticas dirigidas a favorecer el mercado, se vio envuelto en el escándalo desde su ascenso al poder. En 1988 ganó las elecciones presidenciales en medio de un sentimiento generalizado de malestar de la población, en lo que la oposición consideró un grave fraude electoral. Desde ese momento su gobierno ya llevaba la marca de la ilegitimidad, pero su astucia política cambió el escenario, aplicando programas sociales destinados a ganarse la confianza de los mexicanos. El programa Solidaridad contó con una enérgica promoción incial en las zonas marginadas del país para combatir la pobreza, con esta medida se logró construir escuelas, mejorar los caminos, rehabilitar y construir hospitales, etc.
Desde el inicio del sexenio Salinas de Gortari mostró firmeza al ordenar el arresto del máximo líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, "La Quina", con esta acción el Gobierno tomó las riendas del sindicato petrolero, que se oponía a las políticas privatizadoras, además de que fue acusado de apoyar a los adversarios políticos del presidente durante las elecciones de 1988. Hernández Galicia fue conducido a prisión junto con sus colaboradores más cercanos por posesión ilegal de armas.
Sus reformas fueron aclamadas internacionalmente, sin embargo, hacia el final de su gobierno la debacle hizo estragos en México. Las políticas públicas impulsadas en su administración no estuvieron exentas de la dura crítica de los opositores. Si bien había logrado firmar el Tratado de Libre Comercio con dos potencias mundiales (Estados Unidos y Canadá), los sectores nacionalistas cuestionaron fuertemente la privatización de varias empresas importantes, entre ellas Teléfonos de México (Telmex) y la Banca, con lo que redujo la participación del Estado en la economía mexicana. La modificación al artículo 21 constitucional con la cual se daba por concluido el reparto agrario fue otra medida que despertó la censura de sus detractores. También el "Pacto" fue una decisión controvertida, dirigido al entendimiento entre el Gobierno, los empresarios y los trabajadores, no obstante, reducía a los obreros al docilismo hacia sus líderes y mantenía bajo sus ingresos.
En la administración salinista empezó la reconciliación del Estado con la Iglesia. Elecciones estatales marcadas con el sello del fantasma electoral empañaron la marcha de un verdadero desarrollo democrático y, por ende, la ruptura con las fuerzas opositoras, pese a todo esto, lo que ensombreció aún más el gobierno de Salinas de Gortari fue la sangre derramada a causa de la violencia que ensañó territorio mexicano. El estallido de la rebelión en Chiapas en 1994 -Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)-, así como el asesinato del candidato oficial Luis Donaldo Colosio en marzo de ese mismo año no hicieron más que enrarecer la atmósfera. En Chiapas un ejército integrado por indígenas declaró la guerra al Estado y pedía la renuncia del presidente. Luego de tomar algunos municipios el Ejército mexicano logró que el EZLN se replegara hacia la selva. Finalmente el Gobierno y el EZLN iniciaron las negociaciones para la paz.
El otro suceso que cimbró la consciencia de México fue el crimen contra Colosio Murrieta. En plena campaña hacia la Presidencia fue objeto de varios disparos que acabó con su vida. El crimen jamás se logró esclarecer, lo cierto es que muchos no descartaron la participación del Estado en el atentado, pues las diferencias entre el presidente y el candidato habían aumentado considerablemente. Por si no fuera suficiente, semanas antes de concluir el sexenio el secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu murió asesinado, el autor intelectual fue atrapado pero no dejó satisfecho a la mayoría.
En 1994 asumió la Presidencia de la República Ernesto Zedillo Ponce de León, quien sustituyó a Colosio Murrieta en la candidatura priísta. Lejos de disminuir el sentimiento de agravio de los mexicanos hacia el ex presidente Salinas de Gortari, la reacción de condena a éste creció, pues heredó a su sucesor una de las peores crisis económicas de la historia de México, conocido como el "Error de Diciembre" de 1994. Ernesto Zedillo tenía la misma formación economíca de su antecesor, impregnó una dinámica semejante en la conducción del país sin embargo hacia el final de su sexenio la economía mexicana se encontraba en relativa calma.
En esta administración algunas culpas se comenzaron a pagar, la más importante fue el arresto de Raul Salinas de Gortari, hermano del ex presidente, acusado de participar en el crimen contra Ruiz Massieu. Derivado de este escándalo desaparició un legislador federal, quien también fuera señalado de intervenir en el crimen. Después se halló una osamenta en la finca "El Encanto", cuyas características fisicas coincidían, según las autoridades, con el desaparecido legislador. Lo risible del asunto fue que una vidente llamada Francisca Zetina "La Paca" proporcionó los detalles para localizar los restos. La ridiculización hacia los encargados de las pesquisas no tardó en llegar y estuvo fuertemente sometido al juicio crítico de la ciudadanía.
Beirut, March of the zapotec

Leyendo la publicación dominical "Día Siete" encontré un reportaje sobre Beirut, exponente de ’música indie’. Me llamó la atención su proyecto a presentar en el DF: "March of the zapotec", del cual grabó tres piezas en Teotitlán del Valle, Oaxaca, con la Banda Jiménez, originaria del lugar. Para mí, fue por fin escuchar materializada una idea que tenía desde años atrás cuando oía a una banda de música y, además de los temas regionales, sones y jarabes que por lo regular interpretaban en la Guelaguetza, imaginaba que se podía hacer otro tipo de música; he aquí una muestra que sí es posible. Beirut se refiere de la siguiente manera de las bandas de Oaxaca: "Hay algo de melancolía en esta música. Expresa tristeza en una forma muy clara y bella. Y parece honesta. Estoy enamorado del sonido de los metales, y oír uno de estos ensambles de 19 piezas es impresionante. Además, es música imperfecta. A veces torpe y rara". El video es una animación del pueblo, en donde resalta un burro y un perro que le llamó la atención al músico y sus colaboradores. Escuchen el tema; vale la pena simplemente por las ganas de oír música y por el hecho de descubrir nuevos sonidos. Beirut: March of the Zapotec EP:
La recomendación de la revista decía que el track "La llorona" ya estaba disponible en YouTube y pude corroborarlo; lo que me lleva a escribirles es precisamente el hecho de escuchar el tema: efectivamente es una banda oaxaqueña con sus ensambles tradicionales; a quienes hemos escuchado una banda serrana de Oaxaca nos impresionará de cierta forma, los que no, probablemente ya hayan escuchado algo similar en otros lados, pero dense la oportunidad de disfrutar este tema.

Detrás del disfraz (3/3)

Carnaval de protestas en Campeche
A menudo se describe al carnaval campechano como una fiesta totalmente alejada de la farándula política, asociándolo solo con las actividades artísticas, familiares e inclusive empresariales, detallando además cuáles son sus características, los escenarios donde se han desarrollado los mayores eventos sociales dentro del marco carnavalesco y las anécdotas curiosas de las personas que han interpretado a sus reyes en sus distintas ediciones, pero se olvidan por completo que la protesta social también es parte del carnaval.
El inicio de este texto se refirió al concepto global del carnaval y de la cual la mayoría de los académicos y especialistas coinciden: el carnaval es el lugar para el desenfreno y el universo donde está prohibido prohibir. Bajo este contexto, la crítica de los campechanos hacia sus gobernantes, interpretándolos con máscaras y disfraces, es parte integrante de las fiestas en honor al llamado "Rey Momo", dios de la burla y la locura, que con sus críticas grotescas divertía a los dioses del Olimpo.
Campeche y sus habitantes no han sido ajenos a las medidas políticas de nuestras autoridades nacionales, y como tal, nos afecta sobremanera ya sea de forma positiva o negativa. La ausencia de la cultura de la democracia, las crisis económicas sexenales, las ineficientes administraciones, la corrupción, el nepotismo, la impunidad, el crecimiento de la pobreza y la falta de empleo impactan profundamente en la sociedad campechana, principalmente en las clases medias y bajas, las más afectadas por las consecuencias negativas de las perturbaciones financieras y políticas.
El sentimiento generalizado de frustración de la población campechana, comúnmente pasivo la mayor parte del año, salía a la luz pública dentro de los marcos del carnaval. Este era una de sus principales maneras de decir a los gobernantes el odio que sentían hacia ellos. La parodia y la burla fueron un reclamo justificado y mínimo si lo comparamos con los grandes desfalcos cometidos por los hombres de posición elevada. La humillación de éstos en el carnaval es una explosión de alegría para el marginado o el ciudadano corriente que veía como sus anhelos de bienestar se le esfumaba.
Como se ya se explicó, pese a la exigencia de anular las elecciones de 1988, Salinas de Gortari se convirtió en el primer mandatario de México. El hombre fuerte era él y las acciones drásticas contra sus adversarios fueron rápidas. La aprehensión de Joaquín Hernández Galicia fue uno de esas maniobras políticas que sacudió a la opinión pública. La sociedad campechana reaccionó en el carnaval de 1989. En esta edición la mofa hizo acto de presencia cuando unas personas contagiadas con la libertad que da el carnaval personificaron al dirigente petrolero y sus seguidores[1].
Sin embargo, en 1990 otro grupo de ciudadanos salió a desfilar haciendo circular panfletos donde se podía leer su disgusto contra el impopular "Pacto" entre el Gobierno, el sector patronal y los obreros, donde estos eran los más perjudicados al retener sus salarios. Uno de los integrantes de este pequeño contingente apareció semidesnudo mostrando una pancarta que le tapaba la parte delantera de su cuerpo, que decía lo siguiente: "ACZ. Gracias al vino, las mujeres y el pacto estoy así"[2]. La referencia es a todas luces clara y no es difícil imaginar la risa entre los asistentes de aquel sábado de bando. Además la pancarta tiene las siglas de un dirigente obrero y ex gobernante campechano, Abelardo Carrillo Zavala.
En 1991 los tambores de guerra se escuchaban en el mundo. Irak invadió al pequeño país petrolero Kuwait para anexarlo a su territorio. En respuesta Estados Unidos le declaró la guerra al país invasor. Fue una guerra que le permitió demostrar a los ojos del mundo el poderío bélico de la nación norteamericana y el nuevo orden mundial tras la caída del comunismo; su victoria sobre el país árabe fue contundente. Sin dejar a un lado la crítica nacional, uno de los desfilantes vestido de traje negro y con la máscara de Carlos Salinas sacó una pancarta que decía: "Ni Bush ni Hussein"[3]. George Bush era el presidente de la potencia internacional triunfante, luego de la disolución de la Unión Soviética se ufanaba de derrotar al comunismo y Hussein era el dictador irakí despiadado, pero Salinas de Gortari era el personaje más poderoso de México y su firmeza no era menos que la de los políticos anteriores. Quizá así lo sentía la persona que personificó al presidente; Salinas de Gortari era simplemente el rey todopoderoso.
En 1994 florecieron de nuevo las alusiones políticas en el carnaval de Campeche, la razón esta vez era el conflicto armada en Chiapas. Los sentimientos pacifistas en medio de un año virulento así como la burla fue un ingrediente más de un grupo de campechanos en la edición 412 de las actividades carnestolendas local. Durante el sábado de bando desfiló un contingente con diferentes leyendas. Se trató de un grupo de guerrilleros del EZLN pidiendo la paz para aquel estado enclavado en el sureste mexicano, los protagonistas iban en un jeep. Otra crítica, esta más alusiva era el presidente Salinas de Gortari, acompañado de los zapatistas, hombres con los rostros cubiertos con pañoletas portaban rifles de juguete en sus manos y en el mismo vehículo, también un jeep, integrantes del Ejército mexicano[4]. Fue posible ver abrazándose a estos personajes en la magia del carnaval, solo en este marco pudo llevarse a cabo la reconciliación de personajes con interpretaciones del mundo tan diferentes. El poderoso presidente tecnócrata sentado con el indígena hambriento de justicia dándose ambos las manos sin rencores. La humanización de Carlos Salinas y la reivindicación del indígena estaban en el imaginario colectivo de aquellos años. En el carnaval fue una realidad.
La paz en Chiapas fue un proceso complejo y duradero. En 1995 las negociaciones de paz entre el Estado y el grupo rebelde todavía estaban en su apogeo. Una vez más el proceso no fue ignorado por los campechanos ávidos de expresar su espíritu pacifista y desahogar tensiones en el carnaval. Para esta ocasión un encapuchado exhorta a continuar la lucha en su pancarta, pero no es lo único a lo que hace alusión. También clama justicia por los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, contra la pobreza y la corrupción. El subcomandante Marcos, líder zapatista, estuvo en el mismo derrotero del desfile del sábado de bando, con su simbólico pasamontañas, boina verde olivo, las cananas atravesadas en su pecho, y los inconfundibles pantalones mezclilla, chamarra, botines y su rifle de juguete[5].
Carlos Salinas de Gortari se transformó en el personaje más parodiado en las manifestaciones de protesta en todo el país y por ende en el carnaval de Campeche. En 1996 el pueblo seguía reclamando castigo para los culpables de la crisis económica que lo llevó a la debacle. En el imaginario popular se encontraba el germen de la revancha contra el otrora presidente de México, acusado una y otra vez de aquella catástrofe. Como muy lejos se encontraba de ser juzgado, el ingenio hizo su aparición cuando el pueblo oprimido sentenció y ordenó la aprehensión de Salinas de Gortari, quien fue encerrado tras las rejas del famoso penal de máxima seguridad Almoloya de Juárez, lugar donde recluían a los criminales más peligrosos[6]. Los campechanos que acudieron al desfile fueron testigos de un hombre disfrazado con traje y sombrero de rayas con la máscara del ex presidente y rodeado de una jaula grande no hallaba la manera de escapar ante el inevitable juicio de la población.
Por último, 1997 fue uno de los años más ricos en materia política. Había tela de donde cortar y así se hizo. Las noticias sobre la localización de las supuestas osamentas de un desaparecido legislador federal en una finca fueron objeto del escarnio público. La vidente que dio las pistas para su localización fue vapuleada por la mofa del pueblo. En el carnaval de este mismo año, un hombre recreó a Francisca Zetina, La Paca, ataviado con una largo vestido, máscara con cabeza amplia y grandes orejas (quizá una combinación entre Carlos Salinas y la vidente), enseñaba un letrero en busca de la osamenta de Salinas y Rocha[7] (apellido del diputado federal cuyos restos supuestamente eran los encontrados en la finca), sin duda las huellas recientes de este enredo provocó numerosas burlas entre el público del desfile.
De nuevo Carlos Salinas es víctima de la revancha del pueblo, pero esta vez acompañado de un histórico personaje: Fidel Castro, presidente de Cuba. Este, desde que llegó a la Presidencia de su país en 1959 mediante una revolución, se había aferrado al poder impulsando cuantiosas medidas sociales, pero el pueblo mexicano lo veía como un dictador vitalicio. Tanto Salinas de Gortari como Fidel Castro son, a juzgar por la leyenda que llevaban en sus espaldas: "Una pareja de pillos"[8].
Finalmente en este carnaval hace su aparición el Chupacabras, extraña especie de monstruo cuya dieta básica consistía en comer gallinas, cabras, borregos y animales de corral. En aquellos años su aparición fue señalada como una estrategia publicitaria del propio Gobierno Federal para desviar la atención pública. El pueblo una vez más retomó esta situación con su acostumbrada mofa. Un campechano se disfrazó del Chupacabras colocándose una horrible máscara con los cabellos parados, nariz quebrada, ojos saltones y boca abierta con los colmillos salientes cubierto con una ropa que más bien parecía un cavernícola[9]. Supuestamente los avistamientos del Chupacabras habían acontecido en México y otros países, devorando los animales de los granjeros.
Así concluye un breve recorrido por la otra cara del carnaval campechano, la de la protesta social. Sin duda estas manifestaciones eran el sentimiento de una ciudadanía que ya no quería que sus gobernantes se sintieran dueños del poder sino los detentadores temporales de ésta, sometidos al estricto imperio de las leyes como cualquier persona común y corriente.
Bibliografía
-Burke, Peter. La cultura popular en la Europa moderna. Altaya. Barcelona. 1997.
-C. Scott, James. Los dominados y el arte de la resistencia. Ediciones Era. México. 2000.
-Darnton, Robert. La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. Fondo de Cultura Económica. México. 2004
-Dzib, Ubaldo y Gantús, Fausta. Las fiestas populares en Campeche (Origen, evolución y estado actual). Ayuntamiento del Carmen/Casa de la Cultura. 1994.
-Eco, Humberto. ¡Carnaval! Fondo de Cultura Económica. México. 1998.
-Smicht, Samuel. En la mira. El chiste político en México. Taurus. México. 2006.
Fuente consultada
Periódico Tribuna
Archivo consultado
Archivo General del Estado de Campeche
[1] Tribuna. 5 de febrero de 1989. p. 2-A
[2] Tribuna. 28 de febrero de 1990. p. 6-A
[3] Tribuna. 10 de febrero de 1991. p. 6-A
[4] Tribuna. 13 de febrero de 1994. p. 6-A
[5] Tribuna. 26 de febrero de 1995. p. 5-A
[6] Tribuna. 18 de febrero de 1996. p. 3-A
[7] Tribuna. 9 de febrero de 1997. p. 3-A
[8] Ibidem
[9] Ibidem

