Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2009.
Resumen
- 05/06/2009 18:25 - Cuenta regresiva...
- 05/06/2009 18:42 - De cómo me volví un sufijo
- 15/06/2009 18:08 - Mucho marketing, pocas... ¿Despensas?
- 21/06/2009 20:17 - MANUAL PARA OLVIDAR A LA MUJER IDEAL
- 30/06/2009 09:41 - Arnulfo Pérez, Presidente.
De cómo me volví un sufijo
Después de meses de ocio mental, alcohol, ironías, estupidez, delirios ‘filosóficos’ tratando de volverse psicológicos, horas de conversaciones virtuales con todo tipo de personas y personajes, estrechez de mente, cinismo, autocrítica, y un poco de sordidez, afilando el alba con retorcidos gritos sonámbulos en sueños edípicos y de funestas acusaciones pendencieras, me torné en un hombre atacado por sus pecados situándome con neologismos tratando con un poco de humor de condenarme de la manera más suave posible antes de caer en la angustia de ser señalado por mis prójimos como un ente abyecto.
Y ¡uff! Qué más puedo decir de mí, si es que todo ya lo he dicho, pero, antes de callar al papel que ahora utilizo, escupiré brevemente mi nuevo estado nominal: “sufijericel”. Sí, yo convertido en un sufijo. Luego de días de conversación con una cerveza salí trastabillando haciendo recaer sobre mí todo tipo de adjetivos que apenas alcanzaban para definir en lo que yo mismo me he convertido.
Odiaba a los que no confiaban en mí, a la que se creía más de lo que era, a la que me retiró la palabra, a la más fea del pueblo, a los taxistas, a los maestros, sin saber que me odiaba mí, aunque aún no lo sé del todo, pero eso bastó para ser odiericel. Aún así creía en todo lo que en los demás no creían, pero no precisamente en cuanto a un acto de fe, sino mas bien como un acto de desinterés, diciendo “sí” a cualquier cosa que no me importara, creericel no era lo más sano para mí; y créanme que no hablo de delirium tremens, no, aún diferencio los animales de los objetos inanimados.
Espero no volverme ahora aburrericel. Acabo pronto, no se desanimen. Tal vez es parte de mi sonambulismo (¿o insomnio?), lo que sea, pero bien apenas me convencía que era Jonasericel cuando me despertó la angustia de ser engullido por una ballena, entendiendo que era la pesadilla que me ocasionó comerme 10 tacos de una carne extraña, y sólo porque estaban al 2x1 por introducción. Hoy día, el consumismo rebasa toda tolerancia natural del propio cuerpo, se tienen cosas aunque no se ocupen, o se quieren cosas aunque hagan daño, algo así como la neurosis ¿o no?
En fin, no me faltan más ejemplos para ya haber dejado la idea de lo que me refiero, pero esto conlleva una conclusión: ¿Por qué me volví un sufijo? Bueno, porque todo lo que hago o lo que soy se vuelve parte de mí, y así va quedando como parte de mi personalidad, y es que en esta época donde los ‘medios’ (de comunicación) son imprescindibles, nuestra predisposición a la enajenación es más grande, así como cuando advertimos en nosotros un rasgo “Simpson”. Es fácil saber que los monitos amarillos son una inspiración de nuestras propias actitudes, pero poco a poco nos las están devolviendo y, en parte, es por ese medio que nos damos cuenta de las mismas y ahora podemos hacer una parodia de nosotros mismos. Y en este quehacer ocioso hallo un placer: poder ser todo y todos, y a la vez no ser nadie al estar fundido con todos, personalizando las palabras a mi situación específica, y así, hacer un poco más divertidas las referencias a mi ser: soy más feliz siendo egoricel que egocéntrico.
Mucho marketing, pocas... ¿Despensas?

Una horas después de ver en televisión el comercial del IFE que dice "nadie puede comprar tu voto", "que nadie condicione tu voto a cambio de nada", caminando en pleno centro histórico de la ciudad de Campeche me encontré con esto. Preguntándole a una amiga de la prensa para qué eran las bolsas de despensas, me dijo que averiguaría. Días después me dijo que no me preocupara, que eran del DIF. Aquí no pasa nada. Tenlo por seguro.
MANUAL PARA OLVIDAR A LA MUJER IDEAL
“Tanto la quería que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches”
Joaquín Sabina
Cuando éramos niños difícilmente pensábamos a futuro, sentados frente a algún lago al atardecer con nuestro padre contándonos los misterios de la naturaleza y riéndonos de sus chistes que en su niñez le contaron también, ahí, sólo era el presente, y a lo mucho queríamos ser como él, o doctores, bomberos, biólogos marinos, o cualquier otra cosa que idealizáramos aunque no supiéramos exactamente de qué se tratase. Por nuestra vida han pasado una gran cantidad de personas, de todo tipo, algunas aún las vemos, otras, las frecuentamos, tal vez de algunas más solo sabemos de oídas, y de otras no nos acordamos, tal vez nunca más supimos de algunos amigos, y también personas que siempre estarán en la mente. Nunca un camino andado volverá a ser igual, aunque veamos que no haya cambiado por su estructura, nuestra experiencia de él lo hará parecer siempre diferente; y así, recordamos, olvidamos o simplemente la memoria de algo o alguien no regresa más a la conciencia. Según la maduración que vayamos alcanzando en nuestro desarrollo, vamos situándonos en diferentes posiciones con respecto a los demás, tal vez, en la primaria, queríamos saber ‘quienes’ iban a ser nuestros compañeros y amigos, cual nuestro salón y cual nuestra maestra, muchas veces sin esperar demasiado de ellos, simplemente saber quienes eran. En la secundaria a lo mejor lo que pedíamos eran las cosas de moda, ropa, discos, o algún ‘juguete’ avanzado que lo podíamos querer como parte esencial de nuestra vida. En la prepa, además de discurrir en los momentos absolutos de las horas vividas sin importarnos lo que pudiera ocurrir después, con la omnipotencia propia de esa edad, en ocasiones llegábamos a pensar en nuestra carrera, nuestro trabajo, o qué íbamos a hacer después de salir de la escuela una vez alcanzada la mayoría de edad. Y en algún punto de nuestra deslumbrante juventud, en un ensueño pudimos vislumbrar sobre nuestra mujer ideal, si bien nos podría emocionar la vecina de junto o la hermana del amigo, había alguien en nuestra caja de deseos que pudo permanecer como tal 15 días o muchos años, hasta que por fin llegó Nadie sabe que pasa en los trámites inconscientes de una relación, ni siquiera los mismos protagonistas, todo se sitúa en un punto en el que las cosas acontecen y simplemente se van tomando medidas para ir adaptándose a las circunstancias, a veces, repitiendo patrones poco saludables o copiando modelos de otros, pero que nada tienen que ver con uno. Cuántas ocasiones nos hemos preguntado si acaso las cosas son justas o no, porque por más que queremos, no hallamos ‘el punto exacto’. ¿Qué pasa cuando amamos? ¿Acaso perdemos los límites de lo que buscábamos? Pero lo que nos vuelve humanos es la capacidad de sorprendernos ante lo nuevo, y romper esquemas. Así que hay que poner nuevos límites. Un día perdí a quien había buscado, en la vida real nunca se tiene certeza de cuál va a ser el final, a veces no se sabe que se hará después, otras tantas se tiene la intención de curarse los duelos con melancolía, pero no basta. Lo único que queda es reencontrarse con aquel que se era antes de empezar pero con un toque de añejamiento que nos hace un ser nuevo, pero no precisamente otro. Y en ese trecho se pasa por todo tipo de situaciones: emocionales, vivenciales, nuevas, sorprendentes, amargas, dolorosas, aburridas, tediosas. No se si he podido olvidar como me lo hube propuesto, como pensé que era el olvido, como lo escribí meses atrás, y probablemente solo haya negación en mi deseo. Psicológicamente, la mujer ideal se construye con la proyección de nuestros propios ideales, así que, el meollo del asunto estaría en repasar aquello que un día quisimos alcanzar y pensar si acaso es aún vigente hoy día. Pero en aquello tan inasible como el amor, es utopia, realidad, u olvido. Qué tan parecida a los gigantes para el Quijote te has vuelto Los molinos de viento aún giran y envisten mi cuerpo Y aunque quiera vencerlos con escudo y lanza Antes de asestar el golpe mortal devienes Dulcinea EPÍLOGO ¿Quién es la mujer ideal? La suma de deseos del acontecer de la vida, trasladados a una situación presente, y ahí, reflejados en una mujer, que por su belleza, inteligencia, simpatía, elocuencia, atrevimiento, dominancia, candidez, pulcritud, fineza, perfección, sutileza, atención, sexto sentido y amor, nos llenamos de emoción, de ganas de tenerla a nuestro lado, de poseerla, de hacernos de ella, de idealizarla y volverla terrenal. Y entonces, ¿acaso eso se olvida fácilmente? Bueno, solo si entendemos que esas cualidades son construcciones subjetivas de nuestra Falta, o nuestro Deseo. Se sabe que cada quien ve lo que quiere ver. Lo que no puede tomarse volando Hay que alcanzarlo cojeando . . . . . La escritura dice: cojear no es pecado. (Últimos versos de “Die beiden Gulden”, versión de uno de los Macamas [cuadros literarios] de Abu Hariri [escritor y filólogo árabe], Citado por Freud en “Más allá del principio del placer”)
Arnulfo Pérez, Presidente.
- Güey, yo de grande quisiera ser Presidente.
- ¡No mames! ¡Tú qué vas a poder ser!
- ¿Y por qué no?
- ¿Cuándo has visto que un Presidente se llame Arnulfo Pérez? Los Presidentes se llaman Calderón Hinojosa, Zedillo Ponce de León, Fox Quesada, Salinas de Gortari.
- Pero si el otro día vi uno que se llama Evo Morales.
- ¡Cómo eres pendejo, me cae! El pedo no es el nombre sino el apedillo y un Pérez nunca sería Presidente. Ya déjate de mamadas y pásame el resistol.
Post Scriptum: Conversación tomada de 2 niños en una esquina. Esta vez no fue necesario inventar nada. Ya se sabe, ya se sabe; la realidad siempre superará a la ficción.

